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Más guerreras valientes y menos "flores" sumisas
Imagen de Pilar  Rivera
Autor: Pilar Rivera
Creado: 16-03-2018
Categoría:
En la imagen se pueden visualizar 5 niñas, 3 de ellas de alrededor de 13 años, una de 4 años aproximadamente y una niña animada de la costa pacífica cuyo nombre es Guillermina, es la protagonista de una serie infantil de Mi Señal llamada Guillermina y Candelario. Algunas niñas tienen características de diferentes regiones del país, como sombrero llanero, tez negra y cabello rizado, etc. Ellas están sonriendo y se encuentran rodeadas de flores de colores.

“Yo vivo con mis papás y con mis hermanas. Mi papá, cuando llega a la casa, se quita los zapatos y se pone a ver televisión, y siempre nos pide que le quitemos las medias, que le prendamos el televisor y que le busquemos el control”, Honey (10 años).

A Honey la conoció en Cartagena el equipo de Mi Señal, la franja infantil de Señal Colombia. En esa ocasión ellos también conversaron con Sari (10), Carolai (12), Reichell (11), Emma (8) y Ángela (10), y se dieron cuenta de algo: todas coincidían en definir a las niñas como “flores delicadas”, poco fuertes, más débiles que los hombres y más responsables de las tareas de la casa.

Marzo, con el Día Internacional de la Mujer a bordo, es uno de los meses ideales para preguntarse cuál es el lugar que se le da a las niñas en la casa, en el colegio, en el espacio público, en la sociedad. Si ellas se perciben como débiles, ¿cómo van a exigir respeto cuando se sientan vulneradas?, ¿de dónde van a sacar el valor y la fuerza para imponerse en las relaciones de poder o a las situaciones que las oprimen?

Una de las respuestas, aunque suene un poco fuerte, es que no pueden hacerlo solas. Así lo escribe Anne-Birgitte Albrectsen, directora ejecutiva de Plan International, en la publicación Liberar el poder de las niñas (2017):

Del miedo a la acción

Para que las niñas rompan con el miedo y con la sensación de vulnerabilidad que las acompaña, es importante que les ayudemos a fortalecer su autoestima y su autonomía. Las palabras de un padre o una madre que te dicen que debes estudiar para ser independiente y no estar con nadie que te someta, se quedan para siempre.

Cada niña necesita sentirse valorada, ver que su opinión cuenta, descubrir que tiene “madera” de líder y que puede expresar lo que piensa y siente con tranquilidad. Y no se trata de condescendencia, de decirles que lo hicieron muy bien solo porque son niñas; es reconocer sus talentos, alentar sus capacidades y desafiar el orden socialmente aceptado de las cosas.

Ocurre lo mismo con los maestros y profesores: ellos son los ejemplos que los chicos ven cada día y se convierten en una voz de apoyo y autoridad importante a la hora de conversar acerca de la desigualdad de género, los estereotipos, las normas sociales (lo que los miembros de una comunidad consideran como aceptable) y las dinámicas familiares injustas.

¿Qué más podemos hacer los adultos para que las niñas se sientan menos como flores delicadas y más como guerreras valientes? La Fundación Plan tiene algunas pistas:

  • Crear oportunidades en la casa y en el colegio en las que las niñas puedan desarrollar su capacidad de liderazgo y descubrir que ellas también pueden “estar a cargo”.
     
  • Analizar con los chicos situaciones reales o hipotéticas de lo que convencionalmente se entiende por feminidad y masculinidad. Niñas y niños experimentan una gran presión social frente a lo que se espera de ellos según su género.
     
  • Identificar modelos femeninos positivos en las familias, en la comunidad y en el mundo. A veces la vida de otras personas puede inspirar nuestras decisiones.
  • Promover el cuidado de las niñas en las comunidades. Expresarse en contra de la violencia, no normalizarla, no ignorarla. Darles la mano a las niñas cuando son explotadas, discriminadas y silenciadas.
  • Reconocer y apoyar el valor que muchas niñas tienen para hablar acerca de lo que no les gusta o les parece injusto. Ellas saben que quien se atreve a ser diferente corre el riesgo de ser señalado y aún así deciden hacerlo.

  • Dejar de pensar en las niñas como futuras esposas o madres o como las encargadas de las tareas de cuidado y empezar a verlas como personas capaces de tener logros, de hacer carrera, de tomar sus propias decisiones.
     
  • Motivarlas a tener conversaciones en sus propias casas acerca de las situaciones que ellas consideren desiguales. Dialogar y lograr un cambio les va a demostrar que tienen el poder de cambiar las situaciones que se les presenten.

 

 

  • Invitarlas a ser ciudadanas activas: que opinen, voten, participen. Lo que muchos esperan de ellas es que sean sumisas y calladas y esa es la postura que hay que desafiar.
     
  • Generar espacios en los que sus voces sean escuchadas por líderes comunitarios, organizaciones, políticos y por todos aquellos que tomen decisiones que puedan cambiar las dinámicas sociales y equilibrar la balanza de géneros.

En marzo podemos romper el silencio, podemos darle una mano a las niñas y en la otra, con cariño, entregarles su autonomía, darles la voz y sumarnos a su equipo para que con su fuerza y nuestro apoyo decidido logremos cambios reales y duraderos.

 

Fuente:  M i  S e ñ a l    https://www.misenal.tv/