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Natalia y Pedro ya han salido de Bogotá, los azares del camino y sus decisiones los llevan a iniciar un recorrido errático por algunas poblaciones de Boyacá. La primera parada es en el Puente de Boyacá, en donde tienen oportunidad de compartir con algunos turistas la historia del lugar y de confrontar sus hipótesis sobre la batalla que tuvo lugar allí. Luego visitan las pinturas rupestres de Sáchica en donde el guía les aporta interesantes datos y referencias del lugar. Continúan a Tunja en donde se encuentran con otros jóvenes, quienes les cuentan la leyenda del pozo de Donato y hacen una presentación musical para ellos. Visitan el Pantano de Vargas en donde los niños les sirven de guías y una anciana les cuenta por qué se llamaba el Pantano de Vargas. Finalmente llegan a Monguí en donde luego de recorrer el pueblo, visitan una fábrica de balones y aprovechan para jugar un partido con los habitantes. El interés de Pedro por la historia del pasado y la jovialidad de Natalia con la gente, permiten reconstruir una imagen de Boyacá como un escenario donde se pueden apreciar múltiples épocas y capas de tiempo superpuestas interactuando juntas.
La exploración de la región y el reconocimiento de las características de los actuales pobladores a través de sus actividades económicas y culturales tanto tradicionales como contemporáneas, ilustran la identidad y riqueza del departamento. La aproximación de los protagonistas a personas de tres generaciones diferentes complementa la percepción de apropiación y valoración de la región en su historia de cambios y permanencias.
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