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Natalia y Pedro llegan a Valledupar y él manifiesta su desagrado por la música Vallenata. Un joven que lo observa le pregunta qué hace en Valledupar si no le gusta el vallenato. Se presentan con el joven. Pedro se disculpa, le dice que están buscando a una persona que les lleve hasta la costa, al mar. El joven le tiene una buena y una mala noticia. La mala es que el camino al mar es la mismísima ruta Vallenata y oirán solo vallenato. La buena es que él los puede llevar porque va para Maicao. Natalia le apuesta a Pedro que si de Valledupar al mar Pedro se enamora del vallenato, él paga la carrera. Pedro acepta y cazan la apuesta. En el camino paran en el río Guatapurí en donde el joven les cuenta la leyenda de la sirena que está representada en una escultura. Pedro se mete al río y luego de nadar y bucear comprueba la frescura del agua y que en el fondo no hay tal sirena.
En el recorrido hacia el mar se encuentran con varios personajes que les van contando historias sobre el vallenato. El primero, sobre los instrumentos que se usan, así como de las modificaciones que le hacen al acordeón para que tenga un sonido tan particular. En el camino se encuentran con un conjunto vallenato de niños que les hace una demostración e invitan a Pedro para que toque. Más tarde, en Urumita se encuentran con un Rey vallenato que les cuenta el significado de la "Gota fría" y les explica que fue un duelo entre Emiliano Zuleta y Lorenzo Morales durante una serie de piquerías y con el joven que los acompaña les demuestran lo que es una piquería.
Continúan el viaje hacia Fonseca, en donde conocen la leyenda de Francisco el Hombre y asisten a una parranda Vallenata en el famoso barrio del cafetal. Pedro está emocionado y con su cuerpo, rostro y voz se entrega a la lírica Vallenata. Al terminar la Décima, todos le aplauden y Natalia le dice: ¡Has perdido la Apuesta! Pedro se ríe y le da un abrazo.
¿En las expresiones locales es posible reconocer la idiosincrasia regional y la identidad nacional?
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