|
David quiere encontrar un trabajo a toda costa. El único en donde lo aceptan con sus tatuajes, piercings y greñas lo pierde ese mismo día por no cerrar el pico con sus jefes. Como si fuera poco, lo coge una gripa que esa noche lo deja tendido en el piso del ensayadero. Su padre se entera por Erika que David la está pasando muy mal y lo busca para convencerlo de volver a casa.
David cede y se monta en el blindado de su padre, pero una vez llega a su cuarto se arrepiente: no puede echar reversa ahora. Aprovecha para bañarse mientras su madre le prepara con resignación y profunda tristeza una maleta, y al salir toma sus cosas y prepara su bici para marcharse como si nada. Su padre, molesto, lo obliga a tomar los datos de un amigo que tiene un hotel y en donde siempre necesitan ayuda. David toma el papel y sin mirarlo lo guarda con prepotencia.
Libre y con una sensación de triunfo monta en su bici y va por el empleo. El trabajo ha comenzado. En su primer descanso, arranca a dibujar su TragiCómic: Un Súper Héroe que vive en donde todos son Súper Héroes, y que para que sus poderes le sirvan de algo debe disfrazarse de hombre común y corriente. Al llegar a la revista con su artículo, encuentra a Erika y Anabel, leyendo una carta que acaba de llegarles del Profe, agradeciéndoles lo de los papeles.
Erika desea que la mamá le confíe la dirección del padre. Ella lleva muchos años ocultándoselo pues teme todos los escenarios posibles de un encuentro entre su ex y su hija: que él la rechace o que por el contrario atraiga su atención y cariño y la lleve lejos. La hijita de Erika que conoce de memoria todos los escondites de su abuelita, le indica a su madre dónde está la vieja libreta de direcciones en donde hay un teléfono y una dirección frente al título: El Difunto.
Trabajo, tatuaje, piercing, padre, rechazo, comic, super héroe |