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En la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario no hay nadie mejor para escuchar quien entra y sale del salón que el Abogado y PHD, Carlos Parra, quien en compensación a su discapacidad visual, tiene un excelente oído y una monitora que ve por él.
Parra perdió la visión a los 12 años y desde ese momento tuvo una buena capacidad de adaptación para relacionarse con el código Braile y lograr terminar el bachillerato en el Colegio Cafam. Se decidió por estudiar Derecho en la Universidad del Rosario, institución que siempre le ha brindado las facilidades de acceso y permanencia.
Parra afirma que el sistema educativo colombiano no ha pensado claramente en la inclusión de personas con discapacidad. "Hay problemas de tipo económico, infraestructura y el más grave: falta de acceso a la información". Sobre este último punto explica que es difícil conseguir material en Braile, audiolibros o lectores que les ayuden.
Su doctorado lo cursó en la Universidad Carlos III de Madrid, en donde pudo conocer un sistema diferente en este sentido con dependencias para atención de estudiantes con alguna discapacidad y programa de voluntarios lectores, entre otras facilidades. Por eso y para reflexionar sobre el tema, Parra trabaja en la Red Universidad y Discapacidad donde estudian alternativas políticas que construyan instituciones incluyentes.
Pese a las dificultades, Carlos afirma haber contado con todas las oportunidades en la Universidad del Rosario. Asiste a clase en compañía de Diana Rojas, una estudiante de fonoaudiología de la misma universidad, quien por las circunstancias ya maneja muchos conceptos del derecho y asume la responsabilidad de darle más detalles sobre el contexto en el que se desenvuelve, según sea el caso.
En la clase sobre la Constitución, por ejemplo, Parra recibe la admiración de sus alumnos. Camilo Fajardo y Marisol Bernal reconocen que es uno de sus mejores profesores: "para nosotros no hay diferencia. En un principio ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que es ciego. Es una de las mejores clases. Sabe mucho y eso nos gusta".
La diferencia es imperceptible y ante los ojos de sus alumnos Parra sólo quiere motivarlos: "me gusta enseñarles que si yo pude, ellos también pueden lograr lo que se propongan" dice, al tiempo que escribe en su computador, que le dicta con voz de robot los contenidos que no puede ver, pero que gracias a la tecnología, ya no son un problema.
A sus 35 años Parra comenta que de su niñez extraña la facilidad para trasladarse, sin embargo es muy independiente y habla con mucha seguridad, con la misma, que puede identificar el sonido de papelitos pasando entre sus estudiantes o corrillos en los exámenes. Esto pasa pocas veces, porque según sus alumnos, nadie se le puede copiar a Carlos Parra.
Enseñanza a Dos Manos
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