Siempre me ha gustado el ambiente académico y de estudio, y los campos universitarios, las bibliotecas y el debate como prolongaciones del aprendizaje, la libertad y la diversión. Como estudié dos carreras y continúe haciéndolo fuera del país por algunos años, sentí que era el ambiente natural a seguir. He trabajado, claro, en lugares no académicos, pero existe una suerte de atracción por no dejar ese mundo. Ser docente universitario me fue pareciendo poco a poco la mejor de las opciones, entre muchas.
Estudié en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá dos pregrados (Comunicación Social-Periodismo y Ciencia Política-Relaciones Internacionales). Hice los últimos años de política como estudiante visitante en la Universidad de Heidelberg en Alemania, donde obtuve un diploma en Lengua y Cultura Alemana. Tras profundizar en Ciencia Política, realicé una especialización en Derecho Constitucional y Ciencia Política en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales en Madrid.
Ahora soy alumno de la Maestría en Análisis Político y Económico Internacional de la Academia de San Carlos del Ministerio de Asuntos Exteriores, la Universidad Externado y el Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo de París. También trabajé previamente como asistente y redactor en investigación social.
No es fácil vincularse, por las exigencias y procesos competitivos para hacerse profesor de cátedra o planta, lo cuál está muy bien, además de las tradicionales roscas o carecer de altos contactos.
Tuve la suerte de ir a saludar a uno de mis antiguos profesores y decano a la Escuela de Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Sergio Arboleda, y al no encontrarse, pero sí su sucesor, me entrevistaron y me ofrecieron una cátedra. Luego me han llamado a otra materia en la Escuela de Periodismo y a otra en Ciencia Política en la Universidad Javeriana.
La universidad ofrece constantemente cursos o remite a otros que se pueden hacer voluntariamente. En este sentido hay interés, así como la búsqueda de posibilidades para realizar doctorados. En todo caso, primero se genera una relación de confianza entre cumplir bien la labor encomendada e ir examinando posibilidades futuras. Cada parte tiene que dar de sí.
A las naturales de cualquier trabajo como novato. Por fortuna, al prácticamente nunca haber parado de estudiar, conocí bastante el ambiente y aprendí de mis propios profesores, de los buenos, los malos y los muy malos.
Enfrenté entonces la situación siguiendo los conductos, reglas y sugerencias de la universidad, y elaborando sobre todo el mejor programa de clase posible, el cual se va desarrollando con mejorías progresivas a medida que se tiene la posibilidad de continuar impartiendo la clase.
Como comunicador social creo tener ventajas, porque sigo haciendo periodismo cultural, radio y trabajos de asesorías, artículos, charlas, etc. Se aprende mucho hablando con superiores y colegas profesores, escuchando a los alumnos y manteniéndose autocrítico y abierto a realizar el mejor proceso.
Es de mayor confianza que la que uno espera, manteniendo las barreras necesarias, que creo son pertinentes. Los alumnos generan un vínculo mayor de expresión y eso es muy positivo. Lo negativo es cuando creen que eso les puede dar derecho a comportarse mal. En todo caso el tema de fraudes posibles, la pérdida de respeto entre compañeros o al profesor, o la indiferencia de algunos estudiantes es de los aspectos desestimulantes del oficio. Pero en general es un ambiente positivo, franco y de identificación mutua por construir un camino, que da una cercanía favorable.
No conozco políticas en sí de relevo generacional, pero sí de búsqueda de contactos internacionales, de apoyo a estudios a sus vinculados y de apertura de la oferta académica e investigativa, lo cual implica un relevo o un complemento al menos generacional.
La mejor manera es formar en un primer momento parte de sus futuros profesores localmente, y luego apoyarlos para que estudien en el exterior y regresen. Adicionalmente, fomentar los semilleros de investigación y el trabajo interno de apoyo en la universidad.
De otro lado, mantener una actitud abierta a los profesionales de otros centros o ciudades que puedan presentarse a las convocatorias existentes.
Estar muy bien preparados y tomarse lo más profesionalmente su trabajo, sin dejar de saber que es un espacio laboral muy agradable que aunque no siempre está bien remunerado, merece hacerse si se hace por vocación y gusto principalmente, sin dejar de aprender y aportar al mundo cotidiano por igual.
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