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En el barrio de Jerusalén de Ciudad Bolívar, un montón de casas apiladas en la cima de una montaña, acompañamos a la fundación "Reflejo Vivo" a la celebración de navidad y entrega de regalos a niños de escasos recursos.
Es un sábado de fiesta. La empinada calle que conduce al barrio está plagada de personas. Hay en una esquina un bafle gigante que repica a todo volumen los éxitos de fin de año. Un grupo de gente se aglomera alrededor de una parrilla en donde se comparte carne asada. Se bebe aguardiente y los más niños juegan fútbol. Estamos en el barrio Jerusalén, que junto a Manuela Beltrán, Potosí, el Tanque, Bellavista y Arborizadora Alta conforman el paisaje de ladrillo que se ve desde la autopista sur y que todos conocen como Ciudad Bolívar.
Hemos llegado hasta esta cumbre en compañía de algunos amigos de la Fundación Reflejo Vivo, un grupo de personas muy especiales que llevan desde hace seis años la noble tarea de llevar la navidad a los niños de las localidades más necesitadas de Bogotá. Leer artículo completo.
Entre vecinos y amigos todavía se conserva en los barrios populares esta tradición de adornar, con dibujos relacionados a las pascuas, las calles de ciudades y pueblos de Colombia. Doña Clemencia es habitante de Ciudad Bolívar. Su casa queda al frente de una callecita por donde apenas cabe un carro y a diferencia de las muchas calles que se divisan a lo lejos desde el patio de su casa, la suya está pavimentada. Este año ha sido difícil para ella. Su hijo se lo llevaron al ejército y su esposo, don Segismundo, "por su propio descuido", según cuenta, dejó agravar una gripa que se convirtió en neumonía. Ahora debe cuidarse y tomar medicamentos.
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Como es ya una tradición, doña Clemencia ha golpeado puerta a puerta cobrando una cuota de cinco mil pesos por casa. Con lo que reúne se compra la pintura y se prepara el asado. La cerveza va por cuenta de los interesados. Dos domingos antes de la navidad, la jornada de pintura comienza muy temprano. Los demás lo saben porque se han sacado a la calle los bafles de un equipo de sonido y la música suena a todo volumen. Leer artículo completo.
Cada persona tiene un cuento de navidad y este que queremos compartir es el de Armira, una vendedora de buñuelos, un producto muy tradicional en estas épocas de fin de año.
Hace poco, unos 35 años atrás, existió en un pequeño pueblo llamado Pasca una familia campesina dedicada al cultivo de fríjoles, remolacha, papa y maíz, que por su trabajo infatigable y honesto, Dios los bendijo con dos hijos: un varón al que bautizaron Ovidio y una niña preciosa que pusieron por nombre Armira.
Vivieron felices unos seis años en una casa de madera, hasta que llegaron las lluvias y llovió tanto que los campos se volvieron charcos. Para los dos hijos, apenas unos niños, no hubo regalos esa navidad. Su padre, totalmente desechó, blasfemó de la lluvia, la culpó por su desgracia y deseó tanto que escampara que a los pocos días dejó de llover y no volvió a caer una gota de agua en Pasca por siete años. Leer artículo completo.
Suele ser una verdadera fortuna encontrar en vivo y en directo a un Papá Noel. Este personaje, el más representativo de la navidad, llamado también Santa Claus, abunda en vitrinas, carteles, maniquíes y muñecos de felpa; se balancea, baila y hasta emite carcajadas, pero su presencia "real" se ha hecho exclusiva de sitios multitudinarios, al aire libre y acompañado de otras celebridades como duendes, vendedores de confetis, juguetes de neón y niños coristas entonando villancicos.
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Su rutina decembrina inicia con la noche. A las 5:30 p.m. llega al lugar acordado. Su maleta está cargada de espuma, telas de tejido pirineo rojo y peluche. Botas y cinturón de fieltro. Un mural pintado de algún paisaje invernal con figuras de nieve, pinos y alces para recrear el escenario. Son las 6:00 p.m. Actitud positiva, ¡jo, jo, jo! y comienza la función. Estos personajes suelen ser un grupo de colombianos promedio, emprendedores, de clase trabajadora y humilde, que usualmente comienzan su ardua labor el 1 de diciembre y la terminan el 6 de enero Día de Reyes, cuando oficialmente se termina la navidad. Es un trabajo "de rebusque" que requiere paciencia y carisma. No es fácil, pero es bien recompensado por la alegría y el espíritu que le imprime la presencia misma, al lugar en el que se establecen. Leer artículo completo.
El 18 de noviembre Andrés García supo que diciembre iba a ser un mes difícil para trabajar. Era una tarde agitada en la calle 53 de Bogotá, los vendedores ambulantes se agolparon sobre la carrera 17 e iniciaron una protesta porque no se les permitía trabajar sobre los andenes de la 53. Andrés esperaba en medio de la incertidumbre, acababa de llegar de Manizales, para probar suerte vendiendo artículos navideños.
Con 25 años de edad, moreno y cabello largo, Andrés conocía bien la situación. Los vendedores ambulantes se rigen por el decreto 098 de 2004 el cual expresa que no se permite la invasión del espacio público, a menos de que, a quienes lo invaden se les brinde otra alternativa diferente, por ello están en constante pelea con las autoridades. La única alternativa de Andrés, y lo único que sabe y le gusta hacer es comerciar, entonces su vida consiste en un recorrido por las diferentes fiestas de Colombia, vendiendo artículos alusivos a cada festejo. Por ejemplo, en octubre su mercancía está relacionada con la noche de las brujas, en agosto se va para la Feria de las Flores en Medellín, en semana santa vende velas y productos religiosos, y en diciembre vende maracas con el rostro de Papá Noel a 2.000 y 3.000, gorros rojos a 4.000 y mariposas en metal para adornar los arbolitos a 10.000 pesos. Leer artículo completo.
Crónicas navideñas; vendedor ambulante, calle 53, buñuelos, entrega de regalos. 2009 |