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A finales de la década de los noventa se graduaron los primeros bachilleres sordos del país. En ese entonces, el Sistema de Educación Superior no contaba con programas especiales de inclusión para que pudieran cursar una carrera universitaria. La comunidad sorda nacional acudió a distintas instituciones pero no encontró respuesta.
Pese a esto, en ese entonces, Germán González logró ingresar a la licenciatura en Básica Primaria de la Universidad de San Buenaventura y con unos pocos compañeros se convirtió en uno de los primeros profesores sordos. Germán, quien perdió la audición a los 3 años tras padecer un cuadro de meningitis, explica que ésta fue la primera promoción y la única que acogió en esa época a estudiantes sordos que querían ser docentes.
En la actualidad la educación superior tiene la obligación y el compromiso de admitirlos. Con el fin de formar maestros que sean útiles en su misma comunidad, la Universidad Pedagógica inició en el segundo semestre de 2003 el Programa "Manos y Pensamientos: Inclusión de Estudiantes Sordos en la Educación de Superior". A la fecha existen 43 matriculados y 14 intérpretes.
González, a sus 29 años, se desempeña como docente de lenguaje de señas, una materia electiva que también se puede cursar en esta Universidad. Para él lo más difícil de la integración es el manejo del Castellano.
"El español es nuestra segunda lengua, entonces gasto el doble de tiempo que una persona oyente para interpretar un texto, por ejemplo", expresa con las señas que "traduce" Alejandro Piñeros, un joven de 27 años que le sirve como intérprete y quien lleva cerca de 10 años "ayudando a hablar" esta lengua.
Piñeros, intérprete certificado, también acompaña en las clases a Jorge Alejandro Santamaría, un estudiante de 24 años que cursa tercer semestre de Licenciatura en Español. Jorge tuvo que vivir un proceso inverso ya que perdió la capacidad oyente en la infancia, por lo que aprendió el lenguaje de señas siendo adolescente.
Santamaría opina que decidió adquirir esta formación para ayudar a su comunidad. "Si en este momento no existen docentes sordos enseñando en las escuelas es porque los sordos en general rechazan el castellano. Por eso quiero impulsarlos y motivarlos para que lo aprendan", afirma. Sobre el sistema de educación colombiano opina que éste genera una imagen distorsionada sobre ellos: "nos miran como limitados y no hay procesos pedagógicos diseñados especialmente para nuestra condición. Es decir, no hay claridad con respecto a nuestras necesidades".
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La conversación es mediada por Alejandro y gracias a él ganan un significado los gestos de cada uno para quienes sí podemos oír. A simple vista parece que movieran las manos con mucha facilidad, pero el lenguaje de señas tiene cierto grado de dificultad, explica Alejandro. Como cualquier otro sistema comunicativo, este tiene gramática, sintaxis y normas lingüísticas. Para Germán lo más bonito de su idioma es que es muy estético e incluye mucha expresión facial y corporal.
Al preguntarles sobre lo que quisieran escuchar si pudieran, Germán dice que le gustaría "el sonido del viento, las hojas de los árboles y la música". En eso está de acuerdo con Jorge: " me duele un poco no escuchar la música, pero sin duda me gustaría volver a escuchar la voz de mi mamá".
Con las mismas capacidades que el resto de sus compañeros, Santamaría espera graduarse como profesor e investigar sobre pedagogía para sordos. Por su parte Germán, continúa dictando sus clases en las que no necesita intérprete, porque según dice "es como cuando un oyente quiere aprender inglés y/o francés, es mejor que el profesor hable en el nuevo idioma siempre".
Nahir Rodriguez, jefe del Departamento de Psicopegagogía de la Universidad Pedagógica, coordina el Programa "Manos y Pensamientos: Inclusión de Estudiantes Sordos en la Educación de Superior" desde sus inicios. Ella afirma que los estudiantes sordos no tienen ni menor ni mayor capacidad para aprender. "Tienen las dificultades propias de una persona que debe manejar una segunda lengua, es decir, problemas con la comprensión de lectura y lectoescritura".
Conscientes de esto, los estudiantes sordos admitidos en la carrera que prefieran, deben cursar el denominado Semestre Cero, que es un nivel preparatorio de orientación vocacional y adaptación a la vida universitaria. En este curso reciben herramientas para fortalecer el lenguaje de señas y el castellano. Los estudiantes dentro de la política de inclusión, son atendidos en igualdad de condiciones y reciben las mismas garantías que ofrece la Universidad a toda la comunidad educativa.
Si desea conocer más sobre esta experiencia, puede escribir a Nahir Rodríguez al correo electrónico: nahirs@uni.pedagogica.edu.co
Otros recursos
Documento:
Estudiantes Sordos en la Educación Superior, Equiparación de Oportunidades . Preparado por el INSOR
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[.pdf, 301.2Kb]
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El tratamiento de la diversidad en el sistema educativo español
Software: Lengua de Señas Colombiana.
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