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Todo esto empezó a la orilla del río Amazonas, cuando el Sol alumbraba resplandecientemente; se encontraron dos ranas que no se conocían debido a la espesura y amplitud de la selva, que era tan verde, que desde lo alto se extendía por todo el terreno formando un tapete húmedo y fértil.
El Igapo o selva inundada era el habitad de muchas especies que aún los seres humanos no conocían. Entre ellas la rana Hyla arborea, conocida como San Antonio por los habitantes de la selva. Ella era tan pequeña, verde, con rayas negras a su costado, grandes ojos saltones y sus dedos dotados de ventosas que le permitían trepar en las ramas y las hojas de los árboles… eran muchos sus atributos que le resultaba fácil entablar relación con cualquier rana de la selva, a pesar de esto, Hyla aún no conocía el amor.
De pronto, vio en la copa de un roble a una rana Leptodactylus pentadactilus llamada Lepta; al contrario de Hyla él era gigante y tenía el color de la tierra. Se quedó quieta observándolo, cuando de un momento a otro ella salto con gran habilidad hasta la copa del árbol.
- Hace mucho tiempo que no veía a una rana con colores tan brillantes como el Sol -decia Lepta- Hyla se sintió halagada con esas palabras y no supo que responder.
-¿Pero nadie te ha dicho que tienes los ojos más grandes de toda la selva y que eres una de las ranas más hermosas? -Con estas frases maravillosas con las que Lepta le expresaba su admiración a Hyla, comenzó una aventura ranera en medio de la selva.
Lepta, con su ansioso canto retumbaba entre las hojas de los árboles llamando a su amiga Hyla. Desde el lugar más distante donde estuviese escuchaba su melodía. Sin dudarlo, al momento Hyla llegaba al charco, donde habían acordado encontrarse al anochecer bajo la luz de la Luna.
Después de repetidos encuentros entre arrullos y croares, Lepta comenzó a sentir mariposas en su estómago como le sucede a los enamorados. Pero no encontraba el momento más propicio para expresar sus sentimientos a Hyla: -¡Algún día podré hacerlo! -Pensaba-.
Habían transcurrido algunos meses y Lepta se animó a hablar con Hyla:
- Recuerdas Hyla, fue en aquel árbol donde nos vimos por primera vez…
-Tienes razón, fue un bello día soleado, hasta las guacamayas, pericos y guacharacas cantaron más que nunca.
-Tengo que decirte algo Hyla, me gustas muchísimo y quiero que seas mi novia...
Hyla quedó boquiabierta y de un momento a otro su cuerpo comenzó a cambiar de color, parecía que un paso repentino del arco iris, la hubiera bañado con sus colores. Lepta la observaba nervioso y esperaba con ansiedad su respuesta. El tiempo parecía haberse detenido, todos los seres de la selva contenían su aliento y desde el animal más pequeño hasta el más grande, del más pacífico al más feroz, emitieron sus voces de asombro cuando Hyla aceptó encantada; comentaban cómo dos ranitas con tan grandes diferencias pudieran estar enamoradas.
Cuando llegó a oídos del padre de Hyla que la hija que más amaba había puesto sus ojos y entregado su corazón a una rana insignificante, se puso furioso e hizo hasta lo imposible para que no se volvieran a ver, enviándola a la lejana selva guazú. Lleno de odio decía que jamás le permitiría a su hija enredarse con ese batracio. Prefería verla muerta, entonces cuando Hyla dormía, le untó en su piel una mezcla de los venenos más poderosos de la selva.
De esta manera si Lepta se le acercaba y la tocaba moriría inmediatamente. Cuando Hyla se entero de lo que había hecho su padre lloró desconsoladamente. Con la complicidad de todos los animales Hyla tuvo su último encuentro con Lepta, a quien rechazó con muchísima tristeza, sin otra opción:
-He cometido el error más grande al enamorarme de ti. Eres una rana común y corriente y yo merezco verdaderamente a alguien de mi tamaño, que sea tan elegante y hermosa como yo.
Lepta se alejo de Hyla para siempre, saltando entre robles, laureles, balsos y cauchos, hacia los charcos de los indios Ticunas-Uitotos, convirtiéndose en un exquisito manjar; mientras Hyla aún sigue llorando por no poder amar a Lepta y no tener amigos ya que nadie quiere correr peligro con su veneno. Desde entonces se escucha muy fuerte su canto, aseguran muchas culturas indígenas del Amazonas que es así como nació la rana más venenosa del mundo.
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Institución
Educativa
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Seudónimo
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Nombre
estudiante
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Docentes
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Ciudad
o municipio
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Andrés Paéz de Sotomayor
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Coniraya
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Yon Fredy Bautista
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Bertha Amaya,
Raquel Olave,
Henry Buitrago
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B/manga
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