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Palabras del jurado internacional
En la recta final del concurso, los jurados hablan de sus impresiones sobre los cuentos finalistas del 2° Concurso Nacional de Cuento.

Luego de leer los 90 cuentos finalistas de la segunda versión del Concurso Nacional de Cuento, los jurados Cristina Fernández Cubas (España), Jordi Sierra y Fabra (España), Carmen Boullosa (México), Ricardo Silva (Colombia) y Roberto Rubiano Vargas (Colombia), dieron el nombre de los 30 participantes ganadores que serán conocidos y premiados el próximo 30 de enero durante el Hay Festival en Cartagena de Indias.

Además de su veredicto, el jurado compartió sus impresiones sobre la lectura de los 90 mejores cuentos, seleccionados entre los 28.548 participantes de toda Colombia.


Sobre la primera categoría, en la que participaron 11.959 estudiantes hasta séptimo grado, Jordi Sierra i Fabra comentó que la gran fortaleza de los 90 cuentos finalistas es la vitalidad y la fuerza narrativa: "Son historias que tienen vida, quizás, porque muchas de ellas se han vivido y no sólo imaginado. En ellas palpita la emoción de los niños que enfrentan su realidad a través de la literatura como una forma de entretenimiento y de arte".

Por su parte, la mexicana Carmen Boullosa, notó que "Un buen número de cuentos de esta categoría está ambientado en el entorno de los niños (la escuela, la casa) y reflejan su preocupación por las calificaciones, por el trato que reciben de los padres, por la naturaleza de su afecto. Los niños autores juegan con la imaginación y usando sentimientos y mundos que conocen han sido capaces de armar cuentos legibles".

Para la autora, lo mejor de su experiencia de lectura fue "Poder afirmar, como dice el título de uno de los cuentos, que "La vida es un cuento": que estos autores niños han hecho habitar reflejos de la vida que conocen en sus cuentos".

En términos generales, el escritor bogotano Ricardo Silva afirmó que los cuentos de esta primera categoría "Son originales, compasivos e imaginativos. Tienen efectivos giros inesperados que nos obligan, como lectores, a volverlos a leer desde el principio".

En la segunda categoría participaron 11.530 estudiantes de octavo a once grado de todo el país. Sobre estos cuentos, Carmen Boullosa se manifestó sorprendida: "Encontré en la mayoría una mirada valiente, el deseo de compartirla y, tal vez lo más pertinente para nosotros sus lectores, la voluntad de darle forma en un cuento. Fue también la categoría en que me sentí más cerca de Colombia. Algunos de los cuentos incorporan el léxico de su tierra, otros (tal vez los más) dejan ver que ya no hay lugar del mundo aislado de los otros".

Jordi Sierra notó que estas historias reflejan la realidad colombiana y afirmó que, por tanto, "Son un perfecto retrato de lo que sienten y piensan los jóvenes colombianos respecto de su país, y cómo lo enfrentan desde los colegios y desde la calle, desde la familia y su intimidad".

También estuvo de acuerdo con Carmen Boullosa sobre la intención narrativa de los jóvenes: "Lo más importante y meritorio de estos cuentos es que pretenden contar historias. De alguna manera, en estos jóvenes, pueden encontrarse narradores genuinos. Por eso el interés de crear personajes con una existencia propia y con una realidad que sólo a ellos les pertenece; personajes que, a veces se adivina, parecen alter egos de los mismos autores".

En la tercera categoría participaron 5.059 estudiantes de instituciones de educación superior. Según Carmen Buollosa, "Lo primero que llama la atención de esta categoría es que en un buen número de los autores se advierte que han sido buenos lectores". Jordi Sierra resaltó "La fuerza de los argumentos, que muchas veces oscilan entre los extremos: o mucha violencia, o mucha tristeza, o mucha fantasía, o mucha comicidad… pero nunca términos medios".

Otro aspecto notorio, según el escritor, fue la construcción de personajes. "En este sentido, los autores orientaron sus narraciones a la creación de seres que enfrentaran existencias extremas: al final, o se vive o se muere. Muchos de estos personajes quedan en la memoria, pues tan tremendamente se nos muestran en carne y hueso.

Considerado por los cinco jurados, la violencia que vive Colombia, tanto en el campo como en las ciudades, es el tema más tratado por los autores de las tres categorías. Según Jordi Sierra, "Esto es resultado de la realidad colombiana, que suele ser más trágica que festiva".

Carmen Boullosa concluyó que "Los narradores no le tienen miedo a los temas infelices", pues sus cuentos tratan situaciones como velorios, epilepsia, incesto, violencia doméstica o social, hospitales, agonías, matrimonios infelices, mientras que pocos cuentos intentan explorar otras temáticas, como la fantasía, los viajes, la ciencia ficción y la comedia.
En la primera categoría, Ricardo Silva se encontró con "Temas fundamentales como la nostalgia por lo que no se tuvo nunca, la envidia, la arrogancia humana, la fugacidad de la vida, la identidad, la responsabilidad, la ceguera moral, el sacrificio, las trampas del amor, la bondad de los extraños, que ya querrían tratar los cuentos de los mayores con mayor precisión o con mayor honestidad".

De la segunda, como a los demás jurados, a Silva le llamó la atención "El realismo duro, la denuncia social, los juegos arriesgados con el lenguaje, las leyendas que dan miedo y la pregunta por la muerte", temas que se instalan en el estilo de la gran mayoría de los autores.

Terminar con una frase bella que justifique la historia o reducir la anécdota a un final feliz, fue el común denominador de un alto porcentaje de los cuentos leídos por el jurado internacional.

En este sentido, los escritores comentaron que muchos de los autores hicieron de sus historias un pretexto para incluir una reflexión moral sobre la vida, lo que llevó a que, en esos casos, la narración se subordinara a la lección ética y entorpeciera su secuencia y su ritmo.

Al respecto, comentó Carmen Boullosa, "Ante realidades apremiantes como las nuestras latinoamericanas, es comprensible que algunos de los autores sintieran la necesidad de terminar el cuento dando lecciones morales (algunas de éstas algo escalofriantes), empobreciendo la fuerza de sus textos".

Sobre el manejo del idioma, los jurados mencionaron algunas falencias que merman la calidad de los relatos y que deben tenerse presentes a la hora de escribir y editar los cuentos. A los autores se les recomienda leer con atención sus historias y corregir los errores de ortografía, de digitación, de coherencia narrativa, de cohesión gramatical, revisar la utilización de los signos de puntuación y la conjugación de algunos verbos, entre otros.

Después de ser leídos por más de 600 evaluadores y de ser juzgados por un selecto jurado internacional, los 28.548 cuentos participantes en el Segundo Concurso Nacional de Cuento RCN-Ministerio de Educación Nacional, reflejan un país que quiere ser contado por niños, jóvenes y adultos; un país lleno de historias por escribirse y de mentes sensibles que, aun por hacer el ejercicio, se regalan a sí mismas un momento para pensar con palabras escritas, para dejar una página en la historia, para decir a su manera que Colombia cuenta.

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