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Jóvenes Autores
Sin nombre
Katherine Martínez
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Luis Antonio Edna Mercado
José Antonio Cisneros
Luis David Aroca Cantillo
Claudia Marcela Álvarez
Ivón Tatiana Berrío
Diego Gerardo Mosquera González
Natalia Ramírez
Natalia Ramírez
Centro Formativo de Antioquia
Medellín, Antioquia
Grado 11
17 años
Categoría: cuento

Alguna vez en mi colegio existió un mural, en ese tiempo ella no hacía parte de él, pero su amiga sí…esta amiga adoraba sentarse a leer lo que más le gustaba filosofía y poesía, aunque estudiaba matemáticas…mientras las otras niñas preferían sentarse a hablar de cuan largo estaba su cabello, comparado con la longitud de hace un mes…; todos los días su amiga llegaba a casa muy cansada…pero a pesar de ello, le comentaba a ella que en su colegio el arte era demasiado importante, que habían murales que pintaron niñas de años anteriores; esos murales no eran murales inocuos, en ellos estaban contenidos los pensamiento de las niñas que los pintaron…entre esos murales había uno que su amiga siempre miraba. Antes de entrar a clase pasaba delante de él y lo miraba como quien ausculta conceptos en medio de algo bello…pensaba lentamente, cómo puede haber tanta complejidad en algo que pensó una niña de mi misma edad?…o acaso, seré demasiado torpe para comprenderlo…? Y seguía camino hacia el aula de clases…

Ciertamente, las otras niñas sólo pensaban cómo vestirse para la fiesta del sábado, porque allí estaría el muchacho que las pretendía enamorar o que ellas pretendían enamorar…; su amiga, no comprendía como la sociedad se mueve por bloques, los que piensan, los que no piensan, los oportunistas, y los lerdos, aquellos que dejan perder todas las oportunidades, quizás porque todavía no han llegado.

Las mismas lerdas, fueron llenando el mural de corazones flechados, de nombres de hombres que no tenían relación alguna con ningún mural existente…letreros sin sentido, que fueron ocultando poco a poco las figuras que ya hacían parte de ese espacio; eran lerdas porque dejaron de aventurarse en un mundo donde sólo existieran símbolos, esas misma debieron dormirse en las clases de filosofía, de literatura, de artes y nunca aprendieron a sumar, porque la suma no es más que un símbolo que conecta otros dos símbolos…eran las mismas lerdas que buscaban desesperadamente un cuaderno los lunes…porque el fin de semana nunca pudo estirarse como ellas lo hubieran deseado, las que antes de salir para el colegio hubieran preferido haberse quedado en la casa mirando la telenovela de las 2.00 p.m., las mismas lerdas que no sabían responder ante una pregunta, así esta fuera las más sencilla de todas las preguntas planteadas en la historia de la humanidad.

Su amiga sólo llego a observar pequeños letreros vacuos…letreros imperceptibles a una gran distancia, por eso nunca pudo imaginar que en un tiempo futuro llegara el momento donde ellos hicieran desaparecer por completo las figuras del mural…y si alguna vez lo pensó, imaginaba letreros donde aparecieran símbolos en los que estuviera impresa la humanidad misma, por ejemplo: símbolos del socialismo, del capitalismo, del nacionalsocialismo, fragmentos de poemas de amor de Pablo Neruda, o quizás un pedazo de I can’t get not satisfaction de The Rolling Stones…

Probablemente en los colegios idealizados que tenía su amiga…las niñas lerdas no existían…por eso en los descansos nunca hubo ruido alguno que la perturbara mientras leía a Nietzsche y se enamoraba de su super-hombre, Estanislao Zuleta y se convertía en un monstruo devorador de libros o a Heráclito y confirmada que cambiábamos….o quizás leía alguno de esos versos complejos y simples de Jorge Luís Borges. Mi colegio ideal es un colegio donde las niñas todas fueran como era su amiga.

Natalia Ramírez, Mi colegio Ideal;
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