Katherine Martínez Rivera
Colegio: Leonistico "La Merced"
Grado 10°
14 años
Cali, Valle kata0838@latinmail.com
Categoría: Relato corto |
|
Me considero una persona muy dedicada a mis estudios, exigente conmigo misma, delicada, no soy conformista y lucho por cada día ser mejor.
En mis tiempos libres me encanta leer libros que traten de superación personal y de fantasía, escuchar música, navegar en Internet y ver televisión.
Trato de ser paciente y tolerante con todos, muchas veces me han dicho que soy compresiva y se cuando y como dar un buen consejo.
Soy amorosa y siempre intento valorar lo que tengo, especialmente a mis maravillosos padres, a mi familia y mis amigos, que son las personas que siempre están allí en las buenas y en las malas, y a las que adoro con todo mi corazón.
Me encontraba en clase de física, el sueño me asediaba lentamente; la noche anterior había no dormido mucho, pues una angustia rondaba por mis pensamientos: aun no contaba con un tema para mi escrito de lenguaje y debía presentarlo al día siguiente.
No sé que ocurrió, pero de repente me encontré sentada en un césped muy verde junto con mis amigas, estábamos rodeadas de árboles y flores; a lo lejos se podían divisar dos edificios pintados de color blanco, y al lado una pequeña casa pintada con líneas rojas y azules, que afuera tenia juegos infantiles y de la cual salían felices cantos de niños. El timbre que marca la finalización del descanso sonó, los estudiantes nos desplazamos lentamente a los salones, que poco a poco comienzan a llenarse. Mis compañeros estaban muy alborotados y algunos se encontraban por fuera del salón cuando llego el profesor de física, un hombre alto, trigueño y joven que se enojo mucho y les hizo un reporte por mala disciplina.
La clase comenzó y sentí una impresión muy fuerte, era como si hubiera visto a una persona diferente a la que comúnmente me daba clases, pues este profesor había dejado de ser aquel ogro despiadado, que solo pretendía que reprobáramos su materia, para convertirse en un ser humano, el cual comprendía y ayudaba a sus estudiantes a superar las dificultades. A pesar de que por lo general esta clase me aburría por su larga duración, esta vez me había parecido muy entretenida y el tiempo se me pasó supremamente rápido.
El timbre sonó de nuevo, en esta ocasión señalaba el final de la clase y el principio de una nueva; la siguiente era educación física, al igual que la clase anterior, esta también fue muy agradable, corrimos y saltamos mucho, luego utilizamos las colchonetas del gimnasio para hacer unos cuantos abdominales y ejercicios de gimnasia. Al finalizar la clase el profesor nos pidió que le ayudáramos a arreglar el salón, y sin un solo reproche todos colaboramos.
Después de educación física, teníamos el otro descanso, el cual muchos aprovechan para almorzar, y otros como su nombre lo indica descansan. La clase que seguía era química, que por lo general era esperada con muchas ansias por todos, ya que nos fascinaba ir al laboratorio, usar los computadores para investigar, hacer experimentos, etc. Química era la materia mas interactiva que teníamos y por lo tanto la mas divertida; al llegar al laboratorio cada quien se sienta con su grupo de trabajo en una mesa, prende su computador y espera las indicaciones del profesor, esta vez él nos propuso realizar una investigación acerca de los elementos necesarios para hacer productos de aseo personal (jabón, shampoo, etc.) y que cuando termináramos podríamos intentar crear uno de estos.
Todos comenzamos a buscar, y encontramos cosas muy interesantes, mi grupo de trabajo ya había acabado la investigación y nos disponíamos a realizar shampoo con aroma a fresa; pero de un momento a otro, el laboratorio, mis compañeros, mi profesor y todo ese mundo maravilloso, se estaban esfumando, me sentía como si estuviera cayendo muy lentamente, lo único que podía escuchar era la voz de una de mis amigas llamándome porque el profesor había comenzado a dictar. Me costo mucho trabajo volver a la realidad y comprender que todo había sido un simple sueño.
Les conté a mis amigas sobre esta fantasía, y ellas me ayudaron a comprender que aunque esto no fuera realidad, con un poco de esfuerzo y colaboración, seguro lo podríamos conseguir.
Katherine Martínez Rivera; Un sueño Maravilloso;jóvenes autores;jovenes;escritores; |