En el kilómetro 24 vía a Chía hay un letrero que llama poco la atención. A penas unos pocos desprevenidos advierten que el anuncio da el nombre a una hermosa casa finca en donde funciona la sede Yerba Buena del Instituto Caro y Cuervo.
Lejos podrían estar los transeúntes de imaginar que dentro de esa antigua edificación se registran más de 200 mil volúmenes, entre libros y revistas de carácter especializado en la biblioteca que funciona allí desde 1959. En Yerba Buena trabaja un equipo de investigadores en todo lo concerniente a la filología, literatura, lingüística e idiomas.
Marta Lucía Sandoval es la encargada de atender a los visitantes de la biblioteca. Ella comenta que desde que cerraron los programas de postgrado que ofrecía el instituto a través del convenio Andrés Bello, la afluencia de público ha disminuido. Lo que no ha cesado es el ambiente académico y las ganas por continuar trabajando por la lengua en un país de escritores y literatos, pero que lastimosamente ha destinado pocos recursos a la continuación de proyectos como este.
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Al respecto Marta Lucía explica que esta clase de obstáculos han mermado un poco la producción del Instituto. Sin embargo, siguen avantes con las ganas de sistematizar toda la biblioteca y mejorar toda la infraestructura de catalogación. Hoy en día es una de las pocas bibliotecas que cuenta aún con ficheros hechos a máquina de escribir y el proceso de catalogación es totalmente manual. Esto le da un encanto diferente a este centro académico porque recuerda a la biblioteca de antaño; la misma que guarda excelentes libros como el Diccionario de Estructura y Régimen o el Atlas Lingüístico de Colombia, ambos hechos en el Instituto.
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Los usuarios pueden visitar la biblioteca y la hemeroteca entre las ocho de la mañana y cinco de la tarde, horario en el que cuentan con una excelente sala para la lectura con altos ventanales con vista al verde de la Sabana que las enmarca. Con poco dinero, pero con mucho orgullo, el instituto continua su ardua tarea, la cual les valió el Premio Príncipe de Asturias en 1999 en la categoría de Comunicación y Humanidades.
Lo del poco público es temporal. Los colegios de la zona los siguen visitándolos y aprovechando una colección de libros únicos empotrados en un lugar en donde el tiempo parece haberse tenido.
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