|
"Los pupitres no son tambores". Esta nota que los profesores del Colegio Isaac Newton de Bogotá le enviaban con frecuencia a la mamá Santiago Uribe , hoy estudiante de Comunicación Social, fue el detonante para que el músico en potencia tuviera su primera batería siendo aún un niño.
En su infancia, Maná, los Enanitos Verdes y Soda Stereo eran los referentes a partir de los cuales los amantes del rock en español aprendían a apreciar el género musical e incluso daban sus primeras notas en un instrumento. Santiago empezó con el piano del convento donde trabajaba su tía, siguió con las guitarras de sus amigos, pero finalmente se quedó con la percusión. En el colegio tuvo grupo de rock, innovó con la salsa y no hace mucho (siete años) se consolidó con la música norteña.
Aunque parezca un tránsito abrupto, gracias a su incursión en este último género, es reconocido como un talentoso baterista que recibe ofertas de pesados de la música popular como Galy Galeano y que ha alternado en conciertos regionales con Aterciopelados e incluso ha compartido improvisaciones en un estudio (jams) con grandes como Caifanes.
Santiago estudia Comunicación Social-Periodismo en la Universidad Central de Bogotá y además es empleado de una prestigiosa entidad bancaria. Sin embargo, su sueño y parte de su trabajo remunerado desde los 17 años es la música.
De niño fantaseaba frente a la pantalla chica cuando Jorge Barón presentaba agrupaciones en El Show de las Estrellas, sin saber que años después pasaría, en cerca de 11 ocasiones, por la misma tarima e incluso recibiría la "patadita de la buena suerte". Esa experiencia generó un cambio en su vida e incluso en su nombre de pila, pues "Jorge" no supo pronunciarlo, y a pesar de que había sido heredado durante seis generaciones en su familia, Sigifredo cambió su nombre por Santiago. "El nombre debe ser la palabra que más te acaricie y yo sentía que mi nombre no me hacía feliz".
Los que lo dieron a conocer ante Jorge Barón y las emisoras nacionales fueron Los Coyotes, un grupo dedicado a difundir la música norteña desde 1977 y que se ha presentado en casi todo el país haciendo vibrar el corazón de los amantes de lo popular con canciones como "Amigo mío", original de Leo Dan , que reza en sus versos frases como: "Y es que la quiero, la quiero y la quiero, pues se ha llevado parte de mi corazón… es que me muero, me muero y me muero, pues se ha marchado sin ninguna explicación".
Aunque muchos puedan pensar que lo popular va amarrado a la baja calidad musical, según explica Santiago, su agrupación ha investigado el género norteño para imponer un estilo bastante pulido y exigente. "La música norteña es muy particular, algunos la confunden con los mariachis, sin saber que esos son del sur de México. Estas canciones vienen de la frontera con Estados Unidos y constituyen una especie de música protesta que habla de las penurias que pasan los ilegales y también de la vida de los narcotraficantes".
Tal vez esa condición marginal, mezclada con una narración un tanto romántica, haya sido la fórmula perfecta para que Los Coyotes se dispararan en pleno auge de los "Corridos Prohibidos" y la resurrección de viejos escándalos del narcotráfico nacional.
Según Santiago, aquello de que el buen músico toca de todo es mentira. En su caso, el verdadero feeling (empatía) con la música aparece sólo ante la norteña, que lo atrapa con su retórica penetrante y el papel fundamental que juega la percusión. No obstante, aprender a interpretar bien el género no fue nada fácil, "me tomó años lograrlo", comenta.
Su primer toque fue a los 17 años, cuando un amigo le pidió que lo acompañara con la batería en una presentación, pues en esa época, 1996, pagaban muy bien (400.000 pesos). Ahora, en 2007, la norteña sigue siendo uno de los géneros mejor pagos, sin embargo, no tanto como para hacerse rico.
"La gente piensa que tengo mucha plata, pero a veces se gana bien, otras no tanto, pues los empresarios se quedan con el dinero o uno toca y no pagan nada. Eso es relativo. Con la música todas las ilusiones están puestas en el aire. En cambio, con el trabajo del banco yo sé que puedo estudiar, pensar en comprar casa, en tener familia, en comprar carro".
Santiago Uribe se fue del hogar paterno a los 17 años para lanzarse a la aventura de vivir de la música, pero por consejo de su madre alternó el proyecto con una carrera. Su elección fue la Comunicación Social. Actualmente cursa cuarto semestre en la Universidad Central de Bogotá y afirma sentirse feliz porque esta disciplina es un complemento de su vocación artística.
"Como estudiante aprendo la teoría de radio, de televisión y de prensa, y luego vuelco ese conocimiento al papel de baterista de Los Coyotes. Ahora sé cómo responder entrevistas, cómo comportarme en cabina e incluso cuáles son los mejores ángulos ante cámara". La idea de Santiago al egresar es combinar música y comunicación para dirigir videos musicales.
El suyo es apenas uno de los tantos ejemplos del rebusque que emprenden a diario muchos universitarios para sufragar los gastos que implica acceder a la educación superior. Sin embargo, más allá que proveerle los recursos básicos para matrícula, útiles escolares, fotocopias y desplazamiento, la música norteña lo ha convertido en un baterista revelación y una estrella de la música popular que tanta acogida tiene en los terrenos del señor de la patadita de la buena suerte.
Con Los Coyotes sacó al mercado del CD "Amigo mío", ahora prepara el próximo álbum que espera suene tanto como el actual.
Más información sobre Los Coyotes Más información sobre la música norteña
Estudio sobre la música popular mexicana en Colombia
santiago,uribe,coyotes,jorge,barón,show,estrellas,rebusque,universitario,comunicación,social,universidad,central |