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Entre 1444 y 1488, los portugueses recorrieron las costas occidentales de África. En 1481 construyeron, en los alrededores de Accra (actual capital de la República de Ghana), el fuerte El Mina, llamado así por las minas de oro que se encontraban en sus alrededores. Los europeos conocían muchas historias acerca del oro africano. Durante el Medio Evo, musulmanes del norte de África (como Ibn-Battuta, Al-Umari e Ibn-Khaldun) habían visitado regiones situadas al sur del Sahara y en sus diarios de viajes habían descrito el comercio de oro de Bilad-Al-Sudan o "país de los negros". Estas historias habían llegado a las cortes europeas a través del Mediterráneo y habían hecho que los lusitanos soñaran con explotar estas minas. Pero sus intentos fueron infructuosos. Durante la Edad Media y el Renacimiento el oro africano que llegaba a Europa provenía de los negocios que los comerciantes musulmanes realizaban con los pueblos del África sub-sahariana, en especial con las gentes cuyas civilizaciones habían florecido entre el río Níger y el bosque tropical.
El comercio a través del Sahara fue muy importante. Las caravanas cargadas de sal partían de Taghaza, atravesaban el desierto y poco a poco se internaban en el Sahel, donde se hallaban grandes ciudades como Tumbuctú y Gao, dos de los puertos más importantes sobre el río Níger. Pero las caravanas no se detenían allí: descendían aun más, hasta el borde del bosque donde se hallaba la ciudad de Niani, situada sobre el río Sankarani, intercambiaban la sal por oro y luego remontaban hacia el Mediterráneo. Este tráfico a través del Sahara también acarreó otros metales, como el cobre. Éste era explotado en las minas de Tadekka y transportado hacia las ciudades sudanesas al mismo tiempo que la sal. El intercambio de mercancías entre el desierto y la cuenca del río Níger permitió el viaje de muchas historias del África sub-sahariana a las cortes de Europa. Sin embargo, esta región permaneció inaccesible a los europeos durante mucho tiempo. Primero, porque los africanos mantuvieron el secreto acerca de los lugares en donde se hallaban las minas de oro. Segundo, porque el Islam, practicado en esa región desde el siglo XIII, se convirtió en una barrera para la instalación definitiva de los cristianos y, tercero, porque los portugueses siempre tuvieron miedo de aventurarse tierra adentro. Sin embargo, gracias a los escritores árabes de la Edad Media, Europa supo que en África existían soberanos prestigiosos.
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