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Entre 1580 y 1592, los españoles accedieron a las minas de oro de la Nueva Granada. Las más importantes fueron Nueva Remedios (1590), Zaragoza (1580) y Cáceres (1576), situadas en el territorio que hoy corresponde al noroeste del departamento de Antioquia. Para esa época, los efectos de la Conquista, de las epidemias y del trabajo forzado habían debilitado a las poblaciones indígenas. Felipe II, rey de España, se encontraba frente a una encrucijada: el oro se hallaba en las Indias Occidentales, pero su explotación se hacía cada vez más problemática porque la población indígena, principal mano de obra, estaba siendo reducida.
Un siglo antes de que los españoles encontraran el oro de los indígenas americanos, los portugueses ya tenían casas de comercio en África, conocidas como factorías. Éstas eran punto de encuentro comercial entre los portugueses y algunos jefes de las costas africanas. La mercancía más corriente eran los cautivos esclavizados. Pero, además, los lusitanos eran propietarios de numerosas embarcaciones negreras dedicadas al transporte de esclavos.
Para resolver la disyuntiva ante la cual se hallaba, en 1580, Felipe II anexó Portugal a la Corona de Castilla, convirtió a los portugueses en sus súbditos y, valiéndose de sus flotas de barcos negreros y de sus contactos comerciales en África, deportó a la gente de ese continente hacia América con el fin de explotar el oro de la Nueva Granada. Esta estrategia fue necesaria porque, según el Tratado de Tordesillas, los españoles tenían prohibido negociar con los pueblos africanos. Los únicos autorizados para hacerlo eran los portugueses.
A partir de ese momento, Felipe II creó un nuevo tipo de contrato, conocido como el asiento de negros. Consistía en que un particular –a quien se denominaba asentista– se comprometía a aprovisionar a las Indias Occidentales con un determinado número de esclavos por año. A cambio, el titular del contrato se beneficiaba del monopolio de tan particular comercio.
Estos asentistas o negreros vivían en Europa. Sin embargo, tenían representantes que se ocupaban de sus negocios en África y en el Nuevo Mundo. En África se hallaban los pombeiros o lançados, quienes, en muchos casos, eran hijos de madres africanas y padres portugueses. Ellos tenían la tarea de intercambiar mercancías europeas –como telas, armas y licores– por personas que serían embarcadas hacia América en calidad de esclavos.
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