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Un siglo antes que Alvares de Almada describiera la lengua de los yolofos, Alvise Da Mosto, un comerciante veneciano, visitó estos parajes y dejó una descripción de las técnicas agrícolas de la gente senegambiana:
Se trabaja en un campo con cuatro o cinco personas más, cada uno teniendo en la mano un instrumento semejante a pequeños azadones cuadrados que nosotros tenemos, cada uno levanta la tierra delante de sí. Hacen lo contrario a lo que nosotros hacemos: cuando se cava, nosotros, traemos la tierra hacia sí con el pico, y ellos la echan hacia adelante con el pequeño azadón, de manera que no mueven la tierra a más de cuatro dedos de profundidad.
El cultivo del millo y del arroz fueron actividades agrícolas de gran importancia en el reino de los yolofos y en toda la región comprendida entre el río Senegal y el río Gambia. El millo era utilizado para acompañar otros alimentos y también servía para elaborar bebidas alcohólicas, como la tradicional "cerveza de millo". El ñame figura como el tubérculo por excelencia cultivado por estas poblaciones. La palma se utilizaba para extraer aceite y vino de palma. También cultivaban el algodón.
Entre 1506 y 1507 Valentín Fernandes, otro viajero y escritor portugués, dijo que los yolofos poseían muchas vacas y que los caballos eran utilizados como montura de guerra. También señaló que desde el siglo XV estos animales figuraban entre los bienes de intercambio que los yolofos solicitaban a los europeos. La cacería del elefante en el río Senegal se alternaba con la recolección de frutos del baobab y la extracción de su corteza. Al tiempo, practicaban la apicultura. Muchos yolofos vivían cerca del mar, en la península de Cabo Verde. Allí se dedicaban a la pesca fluvial y marítima, utilizando canoas sin vela. El trabajo del hierro también hizo parte de las actividades realizadas por estos pueblos. El hierro que utilizaban provenía del valle del río Senegal, aunque también usaron el que los portugueses traían consigo de Europa. El oro y el cobre fueron empleados en la joyería. Estos pueblos también se distinguieron por el arte del comercio, que practicaban a corta y larga distancia. Sus mercados estaban llenos de productos agrícolas y artesanales. Según Valentín Fernandes, personas "jalofo" y mandinga fueron vendidas a los portugueses, quienes obtenían de 10 a 12 esclavos por un caballo. En los primeros años del comercio portugués en esa región se vendían de 800 a 1.000 personas anualmente.
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