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Según las tradición oral, el Reino de Benín hacía parte de los Estados yorubas que se constituyeron a partir de los nietos de Oduduwa, quien reinaba en la ciudad de Ife, situada en la actual República de Nigeria. Los escogidos de Oduduwa fueron Owu, Ketu, Benín, Illa, Sabe, Popó y Oyo. El Reino de Benín fue uno de los primeros Estados yoruba visitado por los portugueses. Localizado al suroeste de Ife, se constituyó en un gran reino desde el siglo XII.
La tradición enseña que la gente de Benín solicitó un príncipe al rey de Ife. Oduduwa les envió a su hijo Oranyan. Es muy probable que este acontecimiento haya sucedido hacia el año 1300. En el siglo XV profundos cambios transformaron esta monarquía y el pequeño Estado se convirtió en un gran reino. El hombre que llevó a cabo esta transformación se llamaba Eware. La tradición afirma que Eware reformó su ejército para ampliar sus territorios. La creación de un gran reino lo comprometió a realizar guerras constantes contra sus vecinos.
Eware reconstruyó la capital. Dentro de la ciudadela había una gran avenida que separaba el palacio del resto de la ciudad. En ella se hallaban los barrios que albergaban numerosas corporaciones de artesanos y de especialistas al servicio del soberano. El palacio propiamente dicho comprendía tres departamentos: el guardarropa, los servidores personales del soberano y el harem. La realeza del soberano del Benín era sagrada: él era la encarnación de la divinidad en la tierra y mediante su sabiduría se llegaba al diálogo con los ancestros. La civilización que se desarrolló entre Ife y Benín creó un arte refinado de estatuas de bronce. Éstas se conocen como los bronces de Benín y en muchos casos son representaciones de las cabezas de los oni, es decir, de los grandes jefes que siempre tenían una investidura religiosa. A partir del siglo XV, estas cabezas se realizaron mediante la técnica de la cera pérdida. En 1910, el alemán Leo Frobenius descubrió las esculturas de Ife.
Los ararás o ewé-fon fueron, sin duda, mayoría en Cartagena a finales del siglo XVII. También llegaron los minas, quienes en realidad eran gente akán, procedentes de Costa de Oro, por entonces bajo el control inglés. Los europeos los llamaban minas porque los embarcaban en la zona aledaña al Castillo de El Mina. Antes de 1727 se exportaban 20.000 personas por año. A partir de 1789 el tráfico disminuyó hasta 5.500 personas de esa región. El padre Labat escribió a propósito de los ewé-fon:
Los llaman aradas y hablan de un barco que trajo una armazón directamente de Juda o Jura [Ouidah] y la vendió toda en uno o dos días. [...] Son los mejores para los trabajos fuertes de hacienda. […] Los varones usan una especie de falda llamada candale […]. Prefieren la carne de perro a cualquier otra [...]. Los de Arda, así como los de Mina, Juda, Assigni y esta costa en general son de un color menos bello que los de Senegal, Gambia, Cabo Verde, Angola y Congo.
Otros autores señalan que,
debido a unas rayas profundas que les ciñen todo el rostro por ambos lados y que rematan en la boca, muchos no quieren comprar estos negros así señalados por el pavor que les causa verlos y así los dan por menos precio, pero los que no tienen señales en el rostro son hermosos de facciones.
Los popós o xwlas fueron descritos por el jesuita Sandoval en 1627:
En la desembocadura del río de la Vuelta [Volta] está una isla despoblada donde empieza con el rescate el poderoso reino de los popóes.
Los xwlas fueron conocidos por los primeros portugueses que realizaron exploraciones en esta costa entre 1472 y 1580. Ellos los llamaron popó. Es probable que este nombre surja de una onomatopeya imitando la palabra nativa kpókpó, verbo frecuente de la lengua de este pueblos. O quizá sea la reproducción del título otorgado antiguamente a la muralla real conocida como Aja-Kpókpó. El Reino Popó pertenece al conjunto de Estados yorubas situados entre el Volta y Camerún. Entre estos pueblos del bosque el uso del hierro, desde los primeros siglos de la era cristiana, habría permitido penetrar la espesura y acrecentar la densidad de población, del mismo modo que en la selva ecuatorial congolesa. Los popós hacían parte del gran Reino de Benín, con el cual los portugueses ligaron tratos comerciales y diplomáticos desde su llegada a esa costa. En la región donde vivían los popós hubo un gran mercado de esclavos, el cual ha sido descrito de la siguiente forma:
El pueblo debía estar situado sobre un islote y se conoce como el mercado de Appa. Según este documento de 1682, al pueblo llegan embarcaciones cargadas de telas de Bini y allí confluyen numerosos esclavos, que son comprados y transportados por la laguna hasta los mercados de la costa. Ese comercio por la laguna es ciertamente un monopolio de los xwlá.
Durante la primera mitad del siglo XVIII, Francia e Inglaterra se disputaron el control del comercio negrero. Entre 1704 y 1713 los franceses controlaron el tráfico mediante el contrato de asiento obtenido por la Compañía Francesa de Guinea. En nueve años de transacciones la Compañía desembarcó oficialmente en Cartagena a 3.913 personas africanas, a razón de 435 por año. Esta cifra significa no sólo una fuerte introducción ilegal, sino también el fracaso del asiento francés.
Los esclavizados introducidos oficialmente por la Compañía Francesa procedían del puerto de Ouidah, de donde deportaban gente de la cultura ewé-fon. A partir de 1706 la Compañía fue autorizada a negociar con los holandeses, quienes controlaban el mercado de Curazao. La gente africana vendida por los holandeses de Curazao a la Compañía procedían de la factoría de El Mina, exportadora de personas de la cultura akán, que los europeos llamaron mina. Entre 1714 y 1740, con la intervención del príncipe de Anjou –nieto de Carlos II de Inglaterra– ante el monarca español, los ingleses tomaron el relevo del control del comercio negrero. El nuevo contrato comprometía hasta 1740 al soberano británico a introducir en las colonias 144.000 piezas de indias a razón de 4.800 por año.
Entre 1714 y 1736 la Compañía del Mar del Sur, perteneciente a los ingleses, desembarcó oficialmente en Cartagena a 10.475 personas africanas, a razón de 476 por año. La mayor parte procedían de Jamaica y entraban ilegalmente. El puerto debió acoger 1.000 personas por año, lo cual daría alrededor de 30.000 fricanos introducidos entre 1710 y 1740.
Los africanos transportados por los ingleses procedían de Costa de Oro, seguidos por otros grupos oriundos de la región del Golfo de Benín. Para esta época hubo una disminución de la presencia de la gente de cultura ewé-fon en Cartagena, pero empezó a aparecer la gente procedente del Golfo de Biafra. Entre 1714 y 1740, periodo del asiento inglés, la presencia de los minas fue mayoritaria en Cartagena, seguidos por los ararás (ewé-fon).
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