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Los bogas

Durante todo el periodo colonial el río Magdalena fue la vía más importante para comunicar a la región andina con el mar Caribe y Europa. La Flota de Indias, que llegaba a Cartagena procedente de España, aprovisionaba los territorios americanos en ropa, aceites, vinos y otras mercancías apetecidas por los españoles residentes en el Nuevo Mundo.

Sin embargo, remontar el río hasta Honda requería pericia y fortaleza. Era un trabajo brutal de doce horas diarias en canoas con catorce bogas que cargaban hasta diez toneladas de peso. En los primeros años de la Conquista los indígenas fueron utilizados por los españoles para garantizar el transporte de personas y mercancías, pero, como en la mayoría de las actividades, fueron desplazados por la gente africana y sus descendientes. La fortaleza física y la destreza para esquivar los peligros del río eran cualidades fundamentales de los bogas o navegantes que pasaban sus vidas entre las aguas. La imagen que se tiene de ellos es la de hombres robustos, francos, inteligentes y maliciosos. También se dice que vivían contentos, pues, a diferencia de otros esclavizados, gozaban de permanente movilidad y estaban en contacto con la naturaleza, es decir, llevaban una vida más independiente.

El número de pasajeros crecía en la medida en que se afianzaban las actividades económicas. En 1550 se idearon los champanes, canoas de unas quince varas de largo, dos de ancho y un metro de profundidad, con una cubierta en forma de arco en el centro de la embarcación. Mientras los bogas remaban para hacerlo avanzar, los españoles y sus hijos se refugiaban del sol bajo del arco de palma.

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Un champán o canoa usada en el Magdalena: Edward Walhouse Mark, 17 de junio de 1845, acuarela sobre papel, 12,5 x 17,5 cm, colección Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá

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