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Los mineros

La explotación de las minas de oro fue la principal actividad económica a la cual se vieron vinculados los africanos y sus descendientes en la Nueva Granada. El 20 de diciembre de 1544 Sebastián de Belalcázar escribió al rey para solicitarle la importación de cautivos originarios de África con el propósito de reemplazar a los indígenas quienes, además de haber disminuido por los impactos de la Conquista, también llevaban a cabo rebeliones que paralizaban la productividad minera.

En 1550, en las minas de Buriticá (Antioquia), se hallaban numerosos africanos que explotaban el oro. Al año siguiente fueron censados dos mil trabajadores entre indígenas y africanos que laboraban en las minas de Almaguer. La presencia de estas poblaciones también fue muy importante en la producción minera del actual departamento de Caldas. En 1572 Juan López de Velasco señaló la presencia de mil mineros de origen africano. Cinco años más tarde se realizó un censo en la región del Chocó, más exactamente en los afluentes del río San Juan, donde se encontraron más de 2.685 personas africanas con su descendencia.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII estas cifras no hicieron más que aumentar. En 1782 la población de origen africano en el Chocó alcanzó a representar casi 20.000 personas, de las cuales 7.088 vivían en calidad de esclavos y 10.987 eran libres. Entre 1724 y 1728 llegaron a Cartagena 2.390 africanos, de los cuales 1.275 pasaron al Chocó, Cali y Popayán, es decir el 53%. Esto se explica porque durante el siglo XVIII las minas del Pacífico colombiano estaban en plena producción.

De este modo las minas de veta y los placeres de los ríos se convirtieron en el hábitat de muchas personas africanas durante el periodo colonial. Allí vivieron un destino que jamás escogieron: la esclavitud. Su trabajo se realizaba de sol a sol, en los socavones o en las orillas de los ríos, donde lavaban las arenas auríferas en una batea con un movimiento circular que permitía liberar las pepitas de oro. Esta técnica, conocida como mazamorreo, se sigue practicando.

Las cuencas de los ríos Cauca y Magdalena también fueron escenarios de la minería del oro. Para llevar a cabo estas labores se constituyeron cuadrillas, es decir, equipos de trabajo, inicialmente compuestos sólo por hombres africanos y sus hijos. Poco a poco los dueños de minas introdujeron mujeres esclavizadas en estos equipos de trabajo. De esta nueva situación fueron surgiendo familias y formas de asociación que serían fundamentales para la conservación de las tradiciones culturales recibidas de los ancestros africanos.

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Río Guadalupe: Henry Price, 1852, acuarela sobre papel, 29 x 22 cm, Bogotá, Biblioteca Nacional de Colombia, colección Comisión Corográfica, lámina 16

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