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Una vez que las recuas de mulas se alejaban de las ciudades portuarias para llevar las mercancías tierra adentro, no se contaba siempre con caminos abiertos. Los africanos esclavizados despejaron la selva a machete para poder transportar los bultos y cargas sobre sus hombros. Durante el siglo XVIII, en el Chocó, esta actividad, conocida como el portazgo, fue combinada con la comercialización de víveres.
En todas las ciudades, villas y pueblos de la Nueva Granada se desempeñaron como herreros, artesanos, carpinteros, sastres, pajes, aguateros, domésticos, leñadores, cazadores. Picaron piedra, alimentaron calderas, procesaron sal marina al rayo del sol y extrajeron perlas en el Cabo de la Vela (La Guajira). Siempre fueron excelentes pescadores y músicos. Las mujeres se desempeñaron en la venta callejera de alimentos, como lavanderas y cocineras. También fueron nanas de leche, es decir, nodrizas que criaban a los hijos de sus amos.
En Popayán y otras ciudades las mujeres de origen africano tenían el control de la fabricación de espermas para las festividades religiosas de los santos patronos. En los Santanderes se dedicaron a la fabricación y venta de sombreros y se ocuparon del procesamiento del tabaco. Durante la época colonial, en la Nueva Granada, los oficios de los africanos y sus descendientes fueron tan variados como las actividades económicas de las regiones en las cuales les tocó vivir.
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