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Cuando personas de diversas culturas, que hablan idiomas diferentes, se ven repentinamente obligadas a compartir un mismo espacio, surge un problema de comunicación. Ese tipo de contacto cultural forzado tuvo lugar durante todo el periodo de la trata en los puertos y ciudades a donde llegaron las gentes africanas. Para resolver este inconveniente, los grupos humanos en contacto elaboraron nuevas lenguas que los lingüistas llaman lenguas criollas. En este tipo de situaciones surgen primero lo que se conoce como lenguas de contacto, llamadas pidgin. Estas primeras expresiones representan un intento de aprendizaje de la lengua del grupo dominante. En el caso de los africanos que estuvieron involucrados en la trata, la lengua dominante era el portugués, pues su presencia fue muy importante en las costas del África occidental durante todo el periodo de la trata negrera. Los pidgin son lenguas rudimentarias y limitadas porque carecen de recursos gramaticales, tales como los artículos, las preposiciones y los verbos auxiliares. Cuando un pidgin se convierte en la lengua materna de una comunidad, pasa a ser una lengua criolla. El pidgin rudimentario evoluciona y permite expresar todas las situaciones y sentimientos asociados a la vida cotidiana. Las lenguas criollas resultantes de la adopción de un pidgin por parte de una comunidad determinada poseen la misma complejidad, fuerza de expresión y plasticidad propias de cualquier lengua. Colombia es un país que cuenta en su abanico lingüístico con dos lenguas criollas habladas por la gente afrocolombiana: la de San Basilio de Palenque y la del Archipiélago de San Andrés y Providencia. La primera se conoce como palenquero y la segunda como "inglés criollo" de las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.
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