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Ésta era una niña cuyo padre la requería para matrimonio. Como ella había oído decir que a los padres se les obedecía en todo, menos en lo que fuera pecado, se dirigió a donde la madrina y le contó todo lo que le estaba pasando. La vieja, que era una maga hechicera, le dijo que no volviera a su casa. Para indicarle lo que tenía que hacer en lo sucesivo, le dio una vara misteriosa y tres vestidos: uno color de sol; otro color de luna, y el más importante, una bonita chambra del color de las estrellas.
La adquirida, al facilitarle estas cosas, le hizo saber que para encontrar el camino que debía seguir, tenía que arrojar al suelo la vara, que era muy seca y delgada. Ésta saldría caminando, y Piel de Asno detrás hasta donde la varilla se detuviera. Por las noches, ocurrido el trabajo diario que hallaría, se mudaría con uno de los vestidos hasta que llegara el día de su casamiento. Le echó la bendición y la muchacha salió a la carretera.
Como se le había ordenado, Piel de Asno azotó la vara, que comenzó a moverse sola. Se salió de la vía y empezó a trepar una loma altísima. Camina que camina, anda que anda, la niña siguió tras de la rama cinco años completos. Al fin llegó a un pueblo. La guía se detuvo en una casa que resultó ser el palacio del rey de la ciudad. Para despistar a la gente, Piel de Asno, que iba con túnica de piel de burro, dada también por su madrina, pidió posada. [...]
El rey tenía un hijo, que era cazador. Todas las tardes, al volver de sus tareas, se hallaba con la muchacha, sin importarle su presencia. Pero una noche, al ir a la paleadera a coger un poco de agua, logró ver a la joven con el vestido color de sol. El príncipe, olvidando sus fatigas, cayó a sus pies y se enamoró de Piel de Asno con alma vida y sombrero. [...]
Esta prueba de amor, y las preguntas de los reyes, hicieron confesar al muchacho el amor que profesaba a la infeliz. Al oír esto, los padres del príncipe se enfurecieron con la niña. La castigaron y le hicieron saber que era una recogida. El joven logró convencer a los viejos, haciéndoles saber que si no se casaba con ella se moriría. Ante esta decisión, se arregló el matrimonio, que se celebró con toda la pompa necesaria. Para ese día vistió Piel de Asno el vestido color de las estrellas, que maravilló a la comitiva.
Así se efectuó el mejor casamiento que se haya hecho en mil siglos. Los casados fueron felices toda la vida, con una descendencia numerosa que pobló toda la tierra.
Piel de asno
(Fragmento)
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