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De acuerdo con lo que me contaron mis abuelos, y con lo que experimenté de niña, el parto no se realizaba como hoy en día. Ahora existe el hospital y no dejan que uno dé a luz en la casa. Los médicos dicen que no es higiénico y que hay riesgos de infecciones en la casa. Pero yo me acuerdo de que, en el pasado, la partera venía a la casa para cuidar a la mamá antes del parto, y después del parto también. Ella era como parte de la familia. [...]
Ella me dijo en tono fuerte: "¡No! Esto es para gente grande, no para los piknini [niños]". Después agregó: "Bueno, te puedo decir que tu mamá va a tener un niño, te va a regalar un hermanito".
Esto me alegró y fui a jugar con mis hermanos. No sé cuánto tiempo estuvieron encerrados en la pieza, pero de pronto escuché el llanto de un niño y me puse feliz: tenía otro hermano con quien jugar. Luego salió la partera y me llamó: "Ahora puedes entrar a ver a tu muma.Tienen un nuevo hermano y hay que pensar en un nuevo nombre para él".
Mi madre tuvo once hijos, todos con nombres que comienzan con ele, porque el nombre de mi padre comienza con ele. Mi mamá dijo que todos teníamos que tener nombres con ele, como mi papá. Así que dijimos: "Bueno, ya tenemos a Leydra, Luis, Leard, Leonard, Lisandro, Lolia (soy yo). Luego Libia and Lillia. Y ahora nació... ¡Logan!". Para escoger los nombres y completar los once siempre repasábamos las vocales: "La, le, li, lo, lu...". A los isleños nos gusta jugar con el sonido de los nombres, con la rima o la musicalidad.
"El parto"
(Fragmento de Nacimiento,
vida y muerte de un sanandresano)
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