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En el municipio de Talaigua (Bolívar), san Roque es homenajeado durante varios días en un proceso festivo de carácter sagrado y profano a la vez, cuyo punto de unión es rogar al santo por las buenas cosechas, la salud o la abundancia de dinero. La antesala del festejo es la novena al santo, una secuencia de oraciones que se hacen en familia y que preparan el ambiente del poblado para la celebración. La llegada de la banda anuncia el comienzo de la fiesta con el baile de la Gigantona quien es el mismo San Roque transformado. La Gigantona baila recorriendo el pueblo acompañada de pólvora y ron. Luego llega el Día del Santo. La banda de músicos recorre el pueblo desde el amanecer entonando canciones destinadas a homenajear al santo. Esta actividad musical se realiza antes de la celebración de la gran misa en su honor. San Roque, ataviado con sombrero de plata, bastón y calabaza de plata, se posa sobre un anda al costado izquierdo del altar.
La eucaristía comienza con la interpretación del himno nacional y continúa con los bautizos, primeras comuniones, matrimonios. Algunos niños se visten como el santo y son los encargados de cumplir las mandas que requiere el santo para cumplir los favores. Antes y después de la celebración los talaigueños relatan los milagros que les ha concedido el santo cuando le rinden los homenajes que él requiere. También se refieren a la transformación de su fervor cuando la imagen de san Roque fue cambiado por uno nuevo y grande. Para los pobladores, el pequeño es el propio, válido y milagroso san Roque, el otro es un simple reemplazo. Varias historias cuentan acerca del oro que tenía esa primera imagen en brazos, manos y calabazos pero que ahora ha desaparecido.
Luego de la ceremonia hay carreras de caballos, juegos de azar y mercados ambulantes a donde acude masivamente la población. Mientras tanto, el ritual de tocar al santo convoca a quienes buscan algún favor del mismo. Así, pasan de uno en uno sobándolo con un pañuelo, rozándolo con una vela o con la piel.
Al llegar la noche comienza la procesión danzada de san Roque quien se desplaza en andas por las calles principales de Talaigua. El santo aparece iluminado con una media luna de bombillas sobre su cabeza y ramos de flores que rodean sus pies. El entusiasmo festivo crece a cada paso del santo cuya marcha es conducida por la música de la papayera. Esta procesión termina en la iglesia principal del pueblo donde se encienden dos castillos de luces; el rimero alberga la imagen del santo, el segundo, una chalupa. San Roque entra al templo donde es aplaudido y homenajeado con velas multicolores.
La celebración continúa en los salones. La papayera se traslada a la tarima ubicada en la plaza central. Mientras espera a los talaigueños que arriban engalanados para la ocasión. Este es un evento de socialización donde las madres desfilan mientras esperan que los parejos pidan un baile con sus hijas. Las danzas que se realizan son la mazurca, el tango, el vals, pasodoble, pasillo, bambuco y corrido. También se realizan los fandangos donde la gente baila alrededor de la papayera, con una vela encendida en la mano. Las casetas de pick-up han ido remplazando la costumbre de los salones y los fandangos, hoy en día los jóvenes se reúnen alrededor de equipos de sonido a escuchar música foránea y a beber cerveza.
En esta fiesta el ritmo de la celebración es conducido por la papayera, que sirve como conductor del ánimo colectivo. Primero, sirve como anuncio del inicio de la fiesta (cuando llega al pueblo); luego manifiesta el desenfreno y la alegría durante el recorrido de La Gigantona. Después conduce a un estado de zolemnidad en la misa y permite la procesión danzada con la música clásica.
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