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Tonada propia del litoral Caribe colombiano, que mantiene supervivencias de las tradiciones africanas. En su versión más antigua el mapalé fue un toque de tambor que sólo servía para bailar. Se caracteriza por su ritmo binario, fuertemente percutido a dos golpes. Además, admite el canto y el palmoteo como acompañamiento. Al parecer fue introducido en el periodo colonial por los esclavizados deportados del Golfo de Guinea, quienes lo reinventaron y adaptaron a sus nuevas condiciones de vida, asignándole un estilo particular. En sus orígenes la tonada estuvo asociada a la pesca y procesamiento de un pescado denominado mapalé, que era capturado en forma masiva en ciertas épocas del año por hombres y mujeres. Estos se reunían por las noches en las playas, a la luz de hachones encendidos, para procesar el pescado y celebrar el final de la jornada. Con toques del tambor recreaban una atmósfera de espontánea e incuestionable africanía.
Esta tonada conserva características musicales típicamente africanas, donde los tambores, en función coral, se alternan con el canto y el palmoteo. Se emplea para enmarcar un juego coreográfico, en el que los bailarines ejecutan diversas figuras con miras a conquistar a las mujeres.
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