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El área insular del Caribe colombiano mantiene supervivencias africanas y europeas. Dentro de estas últimas se destacan los legados dejados por los ingleses, holandeses y norteamericanos. Desde principios del siglo XVII los puritanos ingleses que inmigraron al Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina establecieron una colonia agrícola. Ellos trajeron consigo sus creencias y su cultura. Instauraron el régimen de plantaciones que funcionó con la explotación de mano de obra esclavizada traída en forma directa del África o de las otras colonias del Caribe.
Debido a estas circunstancias los raizales de las islas caribeñas heredaron un repertorio de danzas tradicionales que basan su estructura coreográfica en los bailes de salón europeos de finales del siglo XIX: mazurka, schottiste, valz, polka. De ellos mantienen, con bastante fidelidad, los contenidos esenciales que con el tiempo han sido reinterpretados mediante tradiciones individuales. Estas transformaciones son discernibles en el baile llamado quadrille, conformado por la conjunción de variados números efectuados con la melodía de la polka y el ritmo del mento. En el se conjugan la rígida coreografía de las danzas europeas con la esencia rítmica de origen africano para generar un cuadro de estampas costumbristas que se caracteriza por su estilo de extraordinario refinamiento y formalidad.
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