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En regiones de antigua minería colonial del litoral Pacífico y en los sistemas fluviales de los ríos Magdalena y Cauca, la gente afrocolombiana continúa elaborando objetos en oro con diseño de filigrana. A excepción de algunos trabajos realizados por la antropóloga Nina S. de Friedemann, el arte de la orfebrería afrocolombiana no ha sido aún estudiado de manera comparativa con África. Sin embargo, es claro, que los saberes acerca de la metalurgia del oro y de la orfebrería también existían entre los pueblos africanos que fueron deportados hacia Cartagena de Indias. El dominio de estas técnicas y el perfeccionamiento de estéticas especiales alrededor de este metal se desarrolló en los imperios medievales africanos de Ghana, Mali y Dalfur, donde existieron grupos de artistas dedicados exclusivamente a este tipo de trabajos.
Teniendo en cuenta esta perspectiva, es posible sugerir que la tradición de la filigrana en joyería llegó a América durante el periodo colonial por dos vías: a través de la cultura ibérica, que había sido influida por los árabes, quienes ocuparon la península durante ocho siglos, hasta 1493; y por la ruta que conduce hacia el occidente africano, cuyos habitantes también habían intercambiado conocimientos al respecto con los árabes que arribaron a las cabeceras de los ríos Níger y Senegal, en el Estado de Oagadú, en el siglo III.
También es muy posible que diversas técnicas artesanales de explotación y de manipulación del oro en talleres de orfebrería hayan sido intercambiadas entre los pobladores indígenas y los africanos recién llegados y posteriormente con su descendencia. En particular la tradición del coloreo del oro o mise en couleur. Esta técnica de coloración, ampliamente practicada por los orfebres precolombinos, se logra mediante la fusión de oro puro con altas aleaciones de cobre. Esta particular manera de dar color mediante la aleación con cobre se conoce como tumbaga. Barbacoas, Guapi, Istmina y Quibdo (en el litoral Pacífico); Santa Fe de Antioquia, Zaragoza, Segovia, Remedios y Mompox (en zonas de los ríos Cauca y Magdalena) siguen siendo centros de un complejo artesanal que preserva la tradición orfebre afrocolombiana cuya cobertura geográfica da cuenta de sus múltiples variaciones regionales.
En Mompox se elaboran joyas en filigrana que reproducen formas curvas y complejas de la naturaleza. Asimismo, en Cartagena de Indias viejos joyeros juntan corales, conchas, caracoles, carey, nácar, piedras semipreciosas y oro antiguo de tonos rojizos para crear objetos de gran belleza.
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