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Las fibras vegetales son aprovechadas por los artesanos afrocolombianos de ambos litorales. En el palenque de San Basilio, en la costa Caribe, la gente fabrica esteras para dormir con las fibras extraídas de la palma de iraca. Las esteras son tejidas con la técnica del escalonado doble, que también se emplea en la confección de abanicos. Además, con esterillas enjalman los animales de carga, elaboran jolones para transportar mercancías y canastos para pescar, sembrar y ventear arroz. Con las fibras obtenidas del árbol de majagua producen mochilas y cuerdas. En otros lugares del litoral Caribe se tejen atarrayas que se emplean en las labores de la pesca y chinchorros para dormir. Fibras vegetales, como la palma de vino, la cepa de plátano, los juncos y las eneas, sirven para hacer esteras, canastos y sombreros.
En el litoral Pacífico la cestería es labor de las mujeres y de los niños. La fabricación de bolsas, cestas y sombreros trabajados en pajilla de calceta de plátano es un renglón importante de la artesanía chocoana. También se tejen sombreros con la fibra de la tetera y esteras con la de la totora. Algunas mujeres conocen el arte de la cestería y diseñan nuevos objetos con las pajillas obtenidas de la vena del chocolatillo y del amargo, basándose en la técnica tradicional empleada para la elaboración de sombreros. En tiempos pasados las mujeres acostumbraban hacer los sombreros con hojas de castaño o pajillas de palmas que tejían y luego cosían con bejucos o con la misma palma.
Existen distintos tipos de tejidos utilizados para la ejecución de las artesanías con fibra vegetal. En el Chocó, por ejemplo, se denomina esterilla el que consiste en pasar las pajas una por encima y otra por debajo. Éste se vuelve esterillado cuando el entramado se hace con tiras previamente trenzadas de tres pajas. Asimismo, las trenzas se conocen con diversos nombres de acuerdo con la técnica que se emplee en su composición: las hay de tres, cuatro (trenza pico), seis (calada o enrejada), siete, nueve y once palos (trenza lisa), y aquella que se denomina trenza crespa o bordera.
El calabazo es utilizado por las gentes de Coteje y los Brazos, como recipiente para cargar agua del río. Se usa, además, como mate para empacar las conservas. En este caso, la fruta del calabazo se abre, se vacía su interior y se deja secar al sol. A continuación se corta en formas redondas, imitando platos, con un diámetro pequeño, como de tres centímetros. En estos recipientes se vierten las conservas de sidra y de guayaba, y se cubren con un pedazo de hoja de plátano seca, que es ajustada, por los niños, con una pajilla muy delgada de tetera que se saca de una palma. El calabazo también es utilizado para construir el cuerpo de las susungas, empleadas como filtro en la preparación de las chancacas y para el diseño de máscaras.
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