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Los cantos de vaquería o vaquerías

Acompañar la brega del ganado con voces, cantos o exclamaciones ha sido una vieja tradición entre los pobladores de las zonas ganaderas de la costa Caribe. Esta clase de interpretaciones, con supervivencias españolas en la manera como se arrastra la voz y en los arabescos del canto, fueron adoptadas y transformadas por los grupos de mulatos y zambos del litoral. La ejecución de las glosas se efectúa con una entonación más bien simple del cantador, quien improvisa de manera individual y a capella las coplas, quintillas o sextillas. La décima o espínela es la forma poética más común de las vaquerías. Dicha métrica se estructura sobre la base de la concordancia entre los versos, debiendo rimar el primero, cuarto y quinto; el segundo y tercero; el sexto, séptimo y décimo, y el octavo con el noveno. Dicho arreglo estructural exige de una memoria excepcional por parte de los glosadores, quienes al alargar los sonidos de forma particular generan una atmósfera que se caracteriza por su dejo especial. En las sabanas de Bolívar y en Córdoba los intérpretes de vaquerías sobresalen porque son verdaderos prodigios de habilidad. Los textos usados pueden ser como el siguiente:

¡Haaale! ¡Haale! Mariposa!
que ya vamos a llegar;
¡Uy! ¡Jujuy! mi compañera
ya te vamos a ordeñar...

cantos de vaquería;vaquerías;afrocolombianos;musicas tradicionales;comunidades afrocolombianas;costa Caribe;glosas;mulatos;zambos de litoral;

María de los Santos Solipá (San Pelayo, Córdoba), intérprete de cantos de vaquería

El Tiempo. Bogotá, junio del 2001

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