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Gente y entornos

La gente africana que llegó a lo que hoy es Colombia provenía de vastos territorios del continente africano. Los mandingas, yolofos y fulupos procedían de una región llamada el Sahel, donde el agua es escasa. Los branes, balantas y biáfaras, ararás y carabalíes eran oriundos del bosque tropical. Los monicongos, anzicos y angolas habitaban la selva ecuatorial congolesa. Todos estos pueblos trajeron consigo conocimientos antiguos acerca del bosque, del agua, de las especies vegetales, animales y minerales. Esos saberes fueron fundamentales en los procesos de adaptación que realizaron en todas las regiones del país a donde fueron conducidos: campamentos mineros situados en zonas selváticas, haciendas ganaderas y trapicheras de las sabanas del Caribe, casas en las ciudades y pueblos de las cordilleras. En cada uno de los oficios que les tocó desempeñar pusieron en práctica su creatividad, que nacía de los conocimientos heredados de la tradición y de la urgencia de resolver problemas inéditos en un mundo nuevo. El conocimiento de las plantas y animales de las selvas africanas permitió a los esclavizados en América apropiarse de manera rápida y eficaz de las posibilidades que la flora y la fauna americana les ofrecían para su sobrevivencia. Es importante insistir en que, si bien la gente africana procedía de zonas geográficas que guardan cierta similitud con aquellas a donde fueron destinados, como por ejemplo los bosques tropicales, éstas no son idénticas, por lo tanto fue necesario un largo proceso de reconocimiento y adaptación a los entornos americanos.

El estudio del proceso adaptativo a los espacios naturales americanos por parte de los esclavizados debe tener en cuenta la relación que se estableció entre las actividades económicas a las cuales fueron destinados los africanos recién llegados y los entornos en los cuales les tocó residir. Como sabemos, los mineros vivieron especialmente en las zonas de bosque tropical húmedo. Tal fue el caso de quienes desde comienzos del siglo XVII fueron llevados a trabajar en las minas del nordeste de Antioquia. Esta misma suerte la corrieron aquellas personas que trabajaron en selva chocoana, cuyo auge minero tuvo lugar a lo largo del siglo XVIII. Quienes fueron destinados a los oficios agrícolas se asentaron en las sabanas de la costa Caribe, en el Archipiélago de San Andrés y Providencia, y en los valles cálidos de las principales cuencas hidrográficas del país. Es decir, aquellas personas africanas recién llegadas tuvieron de inmediato contacto con climas, vegetaciones y entornos naturales que no les eran completamente ajenos.

Los ararás fueron numerosos en las haciendas ganaderas del Caribe. Tuvieron la reputación de ser excelentes ganaderos y agricultores. La gente del Sahel se distinguió por sus conocimientos en agricultura y sus habilidades en todos los quehaceres domésticos masculinos y femeninos, necesarios para el funcionamiento de las casas de la nobleza española. Al igual que la gente de la región del Congo, los yoruba se destacaron en las minas por sus conocimientos en metalurgia. Se desempeñaron como maestros de forja y orfebres. La pericia en el cultivo de cereales, tubérculos, plátano y caña de azúcar concuerda con el éxito de sus labores en las haciendas coloniales. Del mismo modo, todos fueron célebres por sus destrezas en la pesca fluvial y marítima, en la recolección de moluscos y en el comercio a corta y larga distancia.

Esta sabiduría se enriqueció gracias a la interacción con los indígenas durante los tiempos coloniales y republicanos. Por ejemplo, el uso de las plantas y de sus propiedades para curar hace parte tanto de las culturas aborígenes americanas como africanas. En los documentos escritos por los inquisidores durante el siglo XVII aparecen descritos los intercambios de plantas que se realizaban entre mujeres africanas que vivían en el Caribe e indígenas de la región del Chocó. Para que estos canjes fueran posibles se requería una interlocución acerca de las propiedades de las plantas y sus usos. Alrededor de este intercambio de saberes botánicos se tejió un diálogo que también permitió que los africanos y los indígenas elaborarán mecanismos para superar los antagonismos territoriales y sociales. Estas prácticas dieron como resultado formas de convivencia entre ambos pueblos, que no apelaban al silenciamiento o eliminación del adversario mediante la violencia.

El tema acerca de la relación de la gente africana con los entornos americanos es de gran importancia. Según la Constitución de 1991, los descendientes de los africanos y las poblaciones indígenas tienen derechos especiales sobre los territorios que habitan porque sus asentamientos son ancestrales, es decir, tan antiguos como su llegada a América. Pero estos derechos también manera de pensar y de relacionarse con la naturaleza de tal modo que, aun viviendo de ella, no la destruyen.

Este tipo de actitudes culturales hacia el entorno natural fueron sin duda una herencia de sus antepasados africanos y que se manifiestan en prácticas específicas, como la ombligada y las formas de utilización de las plantas para curar enfermedades, para atender las necesidades de la alimentación y cuando se trata de construir sus viviendas y embarcaciones.

Gente y entornos; afrocolombianos;Colombia;Decordó;Chocó;

Niños de Docordó, bajo San Juan (Chocó), 1991

Gente y entornos. Capítulo completo

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Bibliografía: Gente y Entornos

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