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Músicas tradicionales y contemporáneas

Las músicas afrocolombianas son herederas de múltiples tradiciones del África occidental. Toques de tambor y de marimba, sonajeros y cantos eran utilizados por la gente africana para invocar a sus ancestros, celebrar los nacimientos y despedir a los muertos. Estas prácticas, creencias y saberes musicales, colmados de una profunda espiritualidad, también atravesaron el Atlántico. A pesar de que muchas de estas manifestaciones culturales son constitutivas de las identidades regionales y nacional, son muy pocos los estudios que nos explican cómo los legados estéticos y sonoros africanos se adaptaron a las nuevas realidades geográficas e históricas durante el periodo colonial y republicano. No obstante, es innegable que la música, junto con la literatura, las danzas y la ejecución de instrumentos musicales, es el modo de expresión cultural por excelencia de las culturas afrocolombianas contemporáneas. Al igual que en África, la música sigue acompañando cada uno de los ciclos vitales de las personas afrocolombianas: festeja la vida, llora la muerte, se regocija en la buena cosecha, rememora la historia de resistencia, invoca a dios, incentiva el amor y exalta la sensualidad.

En cada región del país habitada por descendientes de africanos, la música afrocolombiana posee matices y personalidades diferentes. Esta diversidad tiene que ver con los orígenes de quienes llegaron a cada comarca y con las interacciones que crearon con los pueblos que las habitaban. Durante este complejo proceso de recreación cultural algunas tonadas africanas se mezclaron entre sí, otras se mantuvieron íntegras, como es el caso de los cantos de muerto de San Basilio de Palenque, y las demás impregnaron las tradiciones indígenas y europeas que ya existían en el Nuevo Mundo. Sea cual fuere el espacio regional en el cual tuvieron lugar estos procesos de recreación cultural, siempre se respetó la naturaleza ritual o profana de los ámbitos de ejecución.

Las tonadas que mantienen herencias africanas exhiben una serie de características fundamentales: la primera, un marcado trasfondo mágico-religioso que está asociado con ceremonias rituales. Dentro de éstas se pueden destacar las prácticas fúnebres, los ritos asociados al nacimiento y las ceremonias de iniciación de los adolescentes. También se identifican por ser alegres y explosivas. Mantienen una estructura musical polirrítmica que se refleja en la combinación de los acentos en cada línea percusiva. Esta particularidad es claramente discernible en los gestos del tamborero, en el acompañamiento con batir de palmas y en todos aquellos sonidos guturales, resoplidos y sílabas guías que se producen en el momento de mayor auge de la interpretación.

Los cantos afrocolombianos son de naturaleza individual y colectiva. Los segundos presentan un carácter ceremonial y son vitales para la reafirmación de la identidad cultural. Mantienen supervivencias africanas evidentes en la alternancia responsorial del solista y el coro monofónico o polifónico, la superposición de timbres, la manera de exteriorizar cadencias y movimientos frenéticos, la sucesión uniforme de sonidos en forma modal de terraza, la manera de emitir los gritos (que son agudos y prolongados con numerosas ondulaciones en lo melódico), el juego de intervalos en la melodía (que se desplazan por saltos indeterminados de un sonido agudo inicial a otro grave, donde hay descansos y responsos) y en las variaciones del microtonalismo de los giros ornamentales que exhiben glisados, repeticiones decoradas en los puntos cadenciales, laleos y otra variedad de adornos sonoros.

Por lo general, la interpretación de la música tradicional afrocolombiana está a cargo de conjuntos conformados por los cantadores (quienes efectúan el canto alternado de solistas y coro), los músicos para la ejecución instrumental y la participación de la concurrencia con batir de palmas y gritos. Los sonajeros y tambores son los instrumentos predominantes en dichas agrupaciones. Ellos son los encargados de producir variadas percusiones que constituyen la base tímbrica y rítmica del quehacer musical afrocolombiano.

Desde los primeros años de la Colonia, la población africana del Caribe colombiano impulsó significativas modificaciones musicales en las melodías indígenas y en los aires europeos, españoles o anglosajones. Los enriqueció con nuevos ritmos, agregó timbres, sugirió giros melódicos y superpuso ricas percusiones, convirtiéndola en una música vistosa y con gran fuerza. En la música afrocaribeña la melodía está a cargo de los instrumentos de viento de ascendencia aborigen; el ritmo es marcado por los instrumentos de percusión y el canto está destinado a comentar episodios o sentimientos. En San Basilio de Palenque, por ejemplo, las supervivencias ancestrales africanas son resultado de la reacción a la imposición cultural española. El toque, el canto-lloro y baile del lumbalú ostentan caracteres rítmicos y melódicos esenciales. Tal es el caso del uso del canto responsorial, cuya melodía, producida sobre escalas modales, se combina con los tambores pechiche y llamador para producir ritmos y alturas diferentes. De igual manera, la cumbia, el mapalé y el bullerengue conservan típicas peculiaridades musicales africanas. Por otra parte, la música del Caribe insular retiene con bastante fidelidad los contenidos tradicionales del viejo continente, que fueron decantados a partir de procesos activos de reintegración de la población raizal del archipiélago.

En el litoral Pacífico imperan las tradiciones musicales africanas caracterizadas por un alto componente de actitud devocional. El currulao, por ejemplo, se toca con marimba, dos tambores cónicos de un solo parche, dos bombos y los sonajeros tubulares de sacudimiento. El coro, a cargo generalmente de las mujeres, se desarrolla utilizando versos reiterados, estribillos y fonemas, sujetándose al proceso rítmico y dejando que la melodía del canto se diluya sin relieve vocal. El bunde fue el origen de todos estos bailes de tambor.

El abozao es otro de los ritmos que revelan el parentesco con antiguas danzas de vientre, landos, que acostumbraban los africanos cautivos que vivían en la región. Los cantos de trabajo y arrullos muestran las huellas africanas en sus melodías y también en el aspecto expresivo.

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Hombre con sombrero vueltiao

Encuentro Regional CREA Girardot (Cundinamarca), 1998

Músicas tradicionales y contemporaneas. Capítulo completo

Músicas tradicionales y contemporaneas. Capítulo completo

Bibliografía: Músicas tradicionales y contemporáneas

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