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Mis Hijos
Los padres y la disciplina
Constanza Recart, Psiquiatra infantil La autora introduce un tema central para las familias de hoy: cómo manejar la disciplina, qué hacer para mejorar la relación con nuestros hijos y los aspectos más importantes para mantener una relación familiar armoniosa.

Uno de los grandes conflictos de las familias hoy en día es cuánto debemos permitirle y cuánto debemos prohibirles a nuestros niños. Y cómo debemos permitirles y cómo debemos prohibirles.

Qué significa esto: es común escuchar comentarios negativos respecto a los modales y también sufrir en lo cotidiano porque un niño o niña no hace lo que le pedimos, hace lo contrario a lo solicitado o simplemente hace como que no escucha y no le interesa.

Es muy importante delimitar los terrenos

Hay momentos para jugar, momentos para regalonear, momentos para obedecer, momentos para ver televisión, y así sucesivamente. Del mismo modo hay espacios que son para los adultos, espacios que son para los niños y espacios compartidos. Aprender a respetar todo esto, tanto los niños como los padres hace que la convivencia sea mas fácil y agradable.

Por ejemplo, si estamos jugando a los animales y están los niños gateando y saltando, lo están pasando muy bien. Pueden continuar pasándolo bien a pesar de que la mamá o el papá les digan que no pueden saltar arriba de los sillones o de las camas. Los niños pueden reaccionar alegando que se les embarra el juego, que si no saltan arriba de las camas no puede ser tan entretenido. Los padres deben mantener su postura e insistir que no, pero ofrecerles otra alternativa como por ejemplo transformarse en animales que no saltan, traer alimentos para los animales, etc. Si los niños insisten y amenazan con continuar a pesar de los intentos paternos, estos deben seguir firmes y explicarles que si no pueden respetar las reglas entonces no pueden seguir jugando. Ahora, si comienza la pataleta deben dejarlos solos; pero si es muy perturbador, deben mandarlos o llevarlos fuera de ese lugar hasta que se les pase. De ninguna manera se debe cambiar y decir que bueno, para que ellos no nos molesten con sus gritos.

Si así fuera, se les estaría enseñando que los gritos, llantos y pataletas son la mejor herramienta que tienen para conseguir lo que desean. No se les estaría enseñando a respetar reglas, ni a respetar los límites que favorecen la sana convivencia y menos aún se les estaría enseñando a dialogar e ir verbalizando sus necesidades o sus emociones. Pero, al mismo tiempo, es vital recordar que nosotros somos los padres y no los poseedores de la verdad absoluta, por lo que si el niño ofrece buenas alternativas o trata de dialogar sobre la situación debemos tratar de escucharlo realmente y demostrarle que es tan persona como los padres y que su opinión tiene peso y validez cuando la plantea de manera adecuada. O sea, abrirnos a la posibilidad de que no se haga exactamente los que nosotros los padres queremos, sino algo intermedio como por ejemplo que no salten arriba de los sillones pero que pueden hacer la casa de los animales en los sillones y que estos animales viven sentados en sus casas y pasan muy poco rato en sus casas. Si los padres deciden modificar la regla en beneficio del diálogo y la comunicación familiar los adultos deben estar de acuerdo, y expresándole a los niños que se han flexibilizado, ya sea por esa única vez, o que se ha modificado para siempre en virtud de la buena conducta de ellos.

Todo esto es extrapolable a las múltiples situaciones de la vida cotidiana adulta. Desde la relación de pareja donde uno debe aprender a respetar los límites del otro, donde uno debe aprender a valorar y escuchar la opinión del otro, donde uno debe ser capaz de expresar sus emociones y necesidades y donde debería primar el amor, la comunicación y la flexibilidad. También podemos extrapolarlo a la relación laboral donde debemos ser capaces de aceptar la autoridad como reglas para el beneficio del clima laboral, pero estar abiertos a plantear cuando algo no nos parece adecuado de una manera apropiada, respetar a los otros y solicitar respeto por nuestras opiniones, etc. Podría seguir con ejemplos de la vida adulta que se viven de manera mas satisfactoria si hemos aprendido desde pequeños que las reglas y normas no son para mantenernos prisioneros y limitarnos sino para nuestro beneficio y poder diferenciar cuando esto no es así. Un último ejemplo que diferencia lo que es una regla para el beneficio de cada uno y de la sana convivencia es la luz roja del semáforo. Esta nos indica que debemos detenernos. Nos detenemos, no porque sea una obligación sino para evitar estrellarnos con otro auto que viene desde otra dirección.


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