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Mis Hijos
Los beneficios de la amistad; el drama de no tener amigos
A menudo nos pasa que nos encontramos con alguien, intercambiamos palabras, compartimos algunos momentos. A veces estamos con otras personas días enteros durante un camping, o enfrentamos desafíos importantes, como la elaboración de un trabajo. Pero la amistad, ¡la amistad!, es mucho más que eso: implica comprensión y confianza, intereses comunes, valores compartidos. En la niñez ya se pone a prueba la habilidad para hacer amigos y queda demostrado que, en el fondo, la fundamental tarea de hacer amigos –y mantenerlos– no es algo tan simple.

El comienzo de la amistad

  • Dos niños están alrededor de una mesa con una caja de cartón en el medio que se ha convertido fácilmente en caja registradora: uno vende, el otro compra;
  • Tres pequeños en una esquina del patio juegan, con piedritas, a una especie de dominó;
  • En el aula, un niño, frente a la computadora, le cede el turno a su amigo para que continúe con la batalla virtual;

Los niños comienzan a interactuar con otros alrededor de los cuatro años; pero es en la etapa escolar cuando se inicia el juego grupal. Y es en ese momento, además, cuando se descubre que algunos niños pueden tener dificultades para relacionarse.

Intereses variados

A algunos niños les gusta hacer deportes; a otros mirar documentales sobre el comportamiento de los animales. Algunos necesitan estar en constante movimiento, otros disfrutan leyendo en un lugar tranquilo. Algunos pequeños se relacionan espontánea y naturalmente hasta con personas extrañas. En cambio a otros, más introvertidos y ensimismados, les cuesta conectarse con los chicos de su edad.

Existen casos en los que los niños se integran fácilmente en el colegio: participan de los juegos, comparten las tareas con sus compañeros, son invitados a los cumpleaños. Otros, en cambio, no logran relacionarse con sus pares dentro ni fuera de la escuela. A simple vista, entonces, observamos que algunos niños están llenos de amigos mientras que otros son más solitarios. A veces demasiado. ¿Qué pasa cuándo nuestros hijos no tienen amigos o tienen dificultad para hacer amigos?

La falta de amigos

Un niño sin amigos se detecta fácilmente: no se vincula con sus compañeros del colegio, no participa de los juegos, no asiste a los cumpleaños, picnics, ni otros eventos extraescolares. No se relaciona con sus pares tampoco fuera del establecimiento escolar Generalmente, éstos son niños que tienen ciertas características especiales. A veces son simplemente tímidos; otras, les produce angustia separarse de sus padres. O son pequeños que tienen un rasgo que difiere del grupo: niños que son bajitos, o más grandotes que el resto, que tienen alguna discapacidad o no les gustan los juegos que divierten a los demás. Rasgos que hacen que el niño no sea aceptado por el grupo.

Hacer amigos

Los especialistas señalan que existen muchas estrategias para ayudar a nuestros hijos con dificultades para relacionarse. Es importante estar atentos al problema de aislamiento que puedan presentar nuestros hijos, porque un niño incapaz de generar vínculos amistosos en la etapa escolar puede presentar problemas importantes en el futuro. Hay que considerar que la amistad aporta innumerables –e irremplazables– beneficios que perduran toda la vida.

Para superar la tendencia al aislamiento y a la exclusión del niño, se requiere la participación de:

1. El entorno escolar. La participación del colegio es fundamental, pues el desarrollo de la sociabilidad es tan importante como el rendimiento académico. Los profesores tienen que estimular el contacto entre los alumnos que encuentran afines, proponer tareas en común y recalcar el éxito que se logra en el trabajo en equipo.

2. El entorno familiar. Los padres suelen sentir angustia cuando ven a sus hijos excluidos del grupo más cercano. En algunos casos –bastante habituales– los padres no se dan cuenta del problema que sufren los chicos.

Lo recomendable es que como padres estemos atentos a lo que sienten nuestros hijos, que escuchemos lo que nos cuentan. Muchas veces, por ejemplo, nuestros hijos hablan de las relaciones con sus compañeros. Esto nos permite saber si tienen, o no, amigos; si le cuesta hacer amistades.

Y a la vez que actúas para ayudarlo deberías –tarea dificil si las hay– evitar la sobreprotección, que impide que los niños desarrollen sentimientos de confianza en sí mismos, madurez e independencia.

Es que, como vimos, hacer amigos no es fácil; pero ser padres y ayudar a los niños a fomentar el valor de la amistad, menos aún, ¿verdad?

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