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"Todo comenzó como un juego, al querer compartir con mis compañeros de colegio un pito de marihuana. Cursaba 4° año medio y lo encontré divertido, me reía de mí misma y de todas las tonteras hechas por mis ‘amigos’. Se hizo habitual, lo hacia tres veces por semana. Un día mis padres se enterarony obviamente negué todo. Ahí paré todo esto y no lo seguí haciendo", cuenta Carolina que hoy tiene 26 años.
Su testimonio, publicado en el sitio web del Conace, muestra una realidad común: la mayoría de los jóvenes comienza a consumir drogas influenciados por su grupo de pares. Por ello es importante que la familia esté involucrada con el hijo para ayudarlo a tomar decisiones responsables, a cuidarse, a prevenir situaciones de riesgo que pueden conducirlo al consumo y a estar atenta a los signos de consumo.
Aunque para algunos el problema de la droga parece algo lejano, su presencia es más cercana de lo que muchos padres piensan. Afecta a todos los estratos socioeconómicos y algunos escolares comienzan a temprana edad.
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Las drogas se clasifican en lícitas e ilícitas. Las primeras son el alcohol y el tabaco y su consumo es socialmente aceptado. Sin embargo, la especialista indica que los menores que ven a sus padres fumar o beber, tienen más riesgo de iniciarse en las drogas ilícitas. "Antes era común enseñar a los niños a tomar, por ejemplo, una copa de vino en una fiesta familiar. Lo perjudicial de esta estrategia es que le pierden el miedo y cuando empiezan a ir a fiestas es más fácil que de una cerveza pasen a la segunda y a la tercera".
Aunque el alcohol parece inofensivo, produce una pérdida de control que entre otras cosas facilita que el joven pruebe otras drogas como marihuana, pasta base o anfetaminas entre otras. Por lo mismo la psicológa aconseja a los padres tener una clara postura de oposición frente a que sus hijos consuman, tanto alcohol cuando son menores de edad, como drogas ilícitas. La especialista sostiene que el fenómeno de la droga es complejo y está asociado a una serie de factores: personales, de contexto social y del acceso que se tenga a ella. Por lo mismo, los grupos que la consumen y sus motivaciones son distintas.
"Hay quienes lo hacen como carrete de fin de semana. Pero para otros que viven en la marginalidad la pasta base y los solventes como el neoprén son una forma de sobrevivir e incluso de quitar el hambre". Por ello la familia, o la falta de una, influye enormemente en que los jóvenes se inicien en el consumo.
Al hablar de familia la psicóloga aclara que no necesariamente se trata del padre o de la madre, si no que de cualquier adulto significativo como la abuela o el tío que esté preocupado del menor, sea cercano afectivamente, lo cuide y le ponga límites.
"La mayoría comienza por curiosidad, por pasarlo bien y ser parte del grupo. Con la droga se sueltan y se sienten bien porque les ayuda a ocultar problemas que hay detrás como la tímidez, la soledad o la angustia", explica Teresa Izquierdo.
Para ayudarlos a resolver sus problemas antes de que recurran a la felicidad química que la droga da, es necesario que los padres estén involucrados con sus hijos, que sean cercanos afectivamente, que sepan dónde está y qué actividades hace, sostiene la profesional.
Agrega que es importante que conozcan a sus amigos, que los acojan y los incorporen a la rutina del hogar, de esta forma es más fácil saber lo que está pasando con el hijo. Indica que hay padres permisivos y otros que son muy estrictos, pero que a la hora de prevenir el consumo estos estilos no ayudan tanto. "Si son permisivos y no imponen reglas, no los van a buscar a sus fiestas, ni saben donde los hijos están, los chicos están más expuestos a la influencia de los amigos y a la droga.
Por el contrario, si son muy restrictivos, los hijos tienden a hacer las cosas a escondidas y nunca contarle a los padres". Sin embargo, aunque exista la mejor comunicación del mundo, la profesional reconoce que es improbable que un hijo le cuente a su padre que probó droga.
El problema ocurre cuando el hecho pasa de ser una vez y se transforma en habitual. Por ello los progenitores involucrados con sus hijos los conocen y de esta forma saben sus debilidades y pueden apoyarlos mejor por ejemplo estableciendo normas claras y razonables. "Si tengo un niño impulsivo para que voy a exponerlo a situaciones de riesgo. Por ejemplo, si tiene 13 años le digo que lo voy a buscar a la 1 de la mañana a la fiesta y no a las 3 porque es razonable, a esa hora ya no queda nadie de su edad y no lo someto a peligros innecesarios como una situación de pelea." Aunque para la mayoría de los padres es difícil, es importante hablar del tema con los hijos.
Si los papás no los van a buscar a sus fiestas, es conveniente que estén atentos cuando lleguen. "Qué siempre entren a saludar, preguntarles como les fue y si notan que están pasados no hacerse los lesos sino que tener una conversación al respecto al día siguiente". Lo mismo ocurre si los padres encuentran una botella de pisco o pitos en la mochila o en la pieza. Son indicadores de que algo está pasando.
El padre debe mostrarse abierto a conversar y comprender la situación siempre dejando claro su oposición a ella. Le puede decir te ofrezco toda mi ayuda para que ésto no vuelva a pasar. Podemos estar más tiempo juntos o llevarte a actividades de tu gusto. Pero si ocurre otra vez va a tener consecuencias y no podrás juntarte más con los amigos con quienes consumes.
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