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Cuando cumplen un año y medio los niños ya pueden tomar un lápiz, una pintura o un crayón y realizar sus primeros garabatos: unos trazos desordenados, descontrolados, irregulares y con dirección variable. Estas primeras marcas suelen salirse del papel y carecen de sentido. El garabato funciona como simple descarga motora para el niño, que obtiene placer con el movimiento. Cuando ya tienen dos años y medio, los niños tratan de controlar y dirigir el movimiento de la mano, comienzan a respetar los límites de la hoja y tratan de cerrar las líneas. El garabato se hace circular y los trazos más controlados.
Así el niño descubre que hay una relación entre sus movimientos y los trazos que realiza en el papel. Comienza a dar nombre a sus dibujos (esta es mamá, por ejemplo), que tienen un significado muy personal y poco estable. Lo que empezó siendo un caballo se convierte a mitad de camino en una casa, que tal vez se transforme luego en un barco. De manera que lo que parece una mezcla irreconocible de formas y colores puede ser, en realidad, una combinación de varios intentos superpuestos.
Los primeros dibujos infantiles de personas suelen consistir en un círculo con marcas que representan los ojos, la nariz y la boca, que pueden estar en cualquier posición del rostro. En un próximo paso el niño agrega las orejas y el pelo en forma de ondulaciones que rodean la cabeza. Luego aparecen los brazos: rígidos, a manera de palos a los costados de la cabeza, terminan en un puño con forma de maza o en una eclosión de dedos (si son cinco, seguramente es por accidente). Y dos piernas tiesas, sin articulaciones, se desprenden directamente de la cabeza y terminan en una pelota a modo de pie.
Aparece luego el torso en forma de un tosco óvalo o rectángulo, al que se adosan las piernas. Es probable que la cabeza y el torso permanezcan yuxtapuestos durante algún tiempo, sin cuello que los una. En estas representaciones pictóricas suele haber una acción implícita, que por lo general hay que inferir a través de la inclusión de objetos como una bicicleta o un martillo, o bien de los comentarios que las acompañan. La ropa y el paisaje suelen aparecer en las producciones de los niños de cuatro años. A esta edad los niños ya no dibujan simplemente un hombre, un sol, un auto, sino que recrean un contexto espacial: el hombre está sobre el suelo, el sol flota a lo lejos, el auto marcha la calle. Entre los cinco y seis años son muy característicos los "dibujos-radiografías". Las paredes de las casas, los autos, la ropa de la gente son transparentes y dejan ver su interior: los dueños de la casa, el chofer del auto, el cuerpo de las personas. Por el momento, los dibujos no respetan proporciones reales: el tamaño de las personas y objetos está en función de la importancia que el niño les dé. Los colores que utiliza tampoco guardan relación con la realidad.
Las producciones gráficas de los niños irán perfeccionándose y enriqueciéndose a medida que evolucionan las áreas cognitiva, social y afectiva. Pero, así y todo (con hombres tiesos y soles azules) qué lindas son siempre. Si buscamos entre los dibujos de nuestros hijos seguramente encontraremos mucho para enmarcar y adornar los cuartos del hogar.
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