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Por: Juliana Echeverry González Psicoterapeuta
Correo electrónico: julianaecheverry@cable.net.co
www.hellingercolombia.com
Sin embargo, creo que existe un destino familiar que determina las personas que serán escogidas en la familia para que realicen determinados actos, conductas o comportamientos.
En el caso de los embarazos adolescentes los padres los rechazan en primera instanciapero con el tiempo llegan a aceptarlos y a acoger al nuevo miembro de la familia por que entienden que de alguna manera es una situación que también ellos vivieron o estuvieron a punto de vivir.
Lo paradójico es que ciertas conductas, a veces "non sanas", permiten a las familias seguir funcionando, seguir siendo y permaneciendo y por ello estas conductas o comportamientos se perpetúan. Los hijos quieren tanto a los padres y sienten que tienen una gran deuda con ellos –pues le dieron la vida-, e inconscientemente creen que, para honrarlos, ayudarlos, cargar la carga que ellos cargan deben ser como ellos y por eso están dispuestos a sacrificar o a realizar cualquier cosa con tal de hacerlos felices.
También se da el caso en el que los hijos por contrariar o por ser diferentes de los padres optan por realizar actos, conductas o comportamientos que si bien en apariencia resultan diferentes a los de los padres, en realidad, son copias fieles de algunas de los comportamientos de los padres.
Esto se ve muy bien en el caso de los muchachos que entran en el mundo de "las drogas", y que los padres rechazan contundentemente por considerarlo "inapropiado", pero si se mira más adentro de la familia encontramos que ese padre puede ser un consumidor de alcohol, o un jugador, o toma mucho tinto, es decir, tiene conductas que lo hacen ser dependiente de alguna sustancia o cosa para sentirse bien o para pasarla mejor.
Otro ejemplo es el caso de los hijos hombres que no han tenido un padre a su lado y luego perpetúan este esquema, siendo ellos mismos, padres que abandonan y que no acompañan, que están presentes en la parte física pero no emocionalmente.
Qué hacer
Por ello, lo que le propongo a los padres es que busquen más adentro de sí mismos, para que reconozcan sus dependencias y sus errores porque es tal vez allí donde podremos encontrar una razón que suene coherente a nuestros hijos. Son muchas las evidencias de que las razones por la que ellos acuden a conductas o comportamientos insanos son en el fondo las mismas que los padres tienen para justificar las propias.
Ahora usted se estará preguntando ¿qué debe hacer para cambiar? Creo que es necesario reconocer la tendencia a repetir estas conductas, preguntarse a sí mismo por qué lo hace y de esta manera ayudar a sus hijos, comunicándoles, expresándoles abiertamente que esto es una repetición, y explicarle las razones por las cuales usted cree que se repite y, desde su lugar como adulto, proponerle algunas soluciones o alternativas que le permitan entender desde lo más profundo este acto o comportamiento.
Acordándonos de lo que fuimos y de lo que hicimos; devolviéndonos a nuestra propia adolescencia y teniendo conciencia de los vacíos que tuvimos, encontraremos las respuestas que nos ayudarán a entender mejor a nuestros hijos.
¿Realmente crees que has cometido tú esas necedades para ahorrárselas a tu hijo? ¿Qué padre, qué profesor han conseguido evitar que él mismo (el hijo) viva la vida, se ensucie con la existencia, se cargue de culpabilidad, beba el brebaje amargo, encuentre su camino? ¿Acaso crees que ese camino se lo podrías ahorrar a alguien? ¿Quizá a tu hijo, porque le amas y desearías ahorrarle penas, dolor y desilusiones? Aunque te mueras diez veces por él, no conseguirás apartarle lo más mínimo de su destino... Hesse, 1972
Referencias
Hesse H. (1972). Siddartha. Barcelona. Ed. Brujera.
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