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Alexander Graham Bell nació en Edinburgo, Escocia, en 1847 y su formación transcurrió dentro del seno de una familia de logopedas (personas que enseñan fonaciones normales a quien tiene dificultades de pronunciación). Tanto su abuelo como su padre fueron especialistas en esa materia y con el tiempo él mismo decidió continuar esa tradición familiar para enseñar a hablar correctamente a las personas.
Sus estudios los cursó en la Royal High School de su ciudad natal y en la University College de Londres, aunque la mayor parte de su formación la realizó de forma autodidacta. Sus primeras investigaciones acerca del sonido las llevó a cabo en la Weston House Academy, de Elgin donde ocupaba un cuarto de residente. En 1868 comenzó a desempeñarse como asistente de su padre en Londres, antes de que éste se trasladara a vivir a América.
La pérdida de dos de sus hermanos enfermos de tuberculosis, incidió tanto en la salud como en el ánimo de Bell, lo cul hizo que en 1870 resolviera trasladarse también a América. Allí se estableció con su familia en Brantford, Canadá y al año siguiente se fue a vivir a Boston, Estados Unidos de América.
Al igual que su padre, durante toda su vida Bell se interesó en perfeccionar los sistemas de educación para sordos, por lo que su actividad principal estuvo orientada, desde un principio, a conocer el sistema de aprendizaje destinado a personas con deficiencia auditiva creado por su padre, que había sido publicado en 1866 con el nombre de "Visible Speech" (Habla visible).
El padre de Bell animó el interés de Bell por el discurso y en 1863 llevó a sus hijos a ver un autómata, hecho por Sir Charles Wheatstone basado en la anterior obra del barón Wolfgang von Kempelen. El rudimentario "hombre mecánico" simulaba una voz humana. Alexander estaba fascinado por la máquina y después obtuvo una copia del libro de von Kempelen publicado en Alemania, que duramente tradujo. Alexander y su hermano mayor, Melvill, construyeron su propia cabeza autómata. Su padre, altamente interesado en el proyecto, se ofreció para pagar los materiales y estimuló a los muchachos, convencido con la tentación de un "premio grande" si tenían éxito. Mientras su hermano construía la garganta y la laringe, Alexander llevó la más difícil tarea recreando un cráneo realista. Sus esfuerzos resultaron en una remarcable cabeza que podía "hablar", aunque sólo unas pocas palabras. Los muchachos ajustarían cuidadosamente los "labios" para que una corriente de aire a presión pasara a través de la tráquea, y así se produjera un sonido que decía "mamá" muy reconocible. Finalmente, el experimento atrajo poco a poco a todos los vecinos que iban a ver la invención de Bell.
Esas investigaciones tuvieron tan buena acogida que parte del tiempo lo dedicó a impartir conferencias, hasta que en 1873 recibió el nombramiento de profesor de fisiología vocal de la Universidad de Boston. Paralelamente a su actividad como profesor, Bell dedicó tiempo a diseñar un dispositivo electromagnético que pudiera convertir los impulsos eléctricos en sonidos.
En principio su idea era construir un aparato que fuera capaz de imitar la voz humana y reproducir las vocales y consonantes. Para ello contaba con la cooperación de su ayudante, el joven mecánico Thomas Watson y el respaldo económico de los padres de Mabel Hubbard, que posteriormente se convirtió en su esposa.
Los resultados de sus experimentos concluyeron con la invención del teléfono en 1876. Este dispositivo traspasó rápidamente las fronteras de los Estados Unidos de Norteamérica y un año después se dio a conocer en Europa. En 1878, Bell inauguró la primera central telefónica en New Haven, Connecticut, Estados Unidos y en 1884 se efectuó la primera comunicación de larga distancia dentro de ese país entre las ciudades de Boston, Massachussets y New York.
Alexander Graham Bell falleció en Baddeck, Canadá, el 2 de agosto de 1922, dejando 18 patentes de inventos realizados por él.
Sin embargo en 1849, veintisiete años antes que Bell patentara su teléfono, el italiano Antonio Meucci, trabajador del Teatro Tacón, de La Habana, Cuba, había inventado un aparato telefónico que no pudo patentar antes que el desarrollado por Bell, por no haber podido disponer de recursos económicos que se requerían para ello.
El 15 de junio de 2002, La Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América reconoció a Antonio Meucci como el inventor del teléfono en oposición a Bell ante las irrefutables pruebas presentadas por el congresista italo-norteameriano Vito Fossella.
Aún así, desde su invención, el teléfono se convirtió en un dispositivo prácticamente indispensable para el desarrollo de la civilización. Aunque Bell tuvo plena conciencia de lo que significaba el teléfono para la humanidad, seguramente nunca imaginó que un siglo después, a través de una línea telefónica, se pudiera transmitir no sólo sonidos, sino también datos e imágenes. Tampoco pudo imaginar que un día se pudiera llevar un teléfono en el bolsillo, ni que, finalmente, tal como había sido su propósito, personas sordas o mudas pudieran comunicarse entre sí o con otras personas a través de un sistema telefónico y una pantalla diseñada especialmente para ellos.
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