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Luego de alcanzar el mejor ICFES del país, la más alta puntuación en el examen de ingreso a la Universidad Nacional y graduarse con honores como Ingeniero de Sistemas, obtuvo el mejor puntaje en el ECAES.
El 9 de noviembre de 1985 en Bucaramanga, la capital del departamento de Santander, era un día soleado y en especial alegre para una pareja de odontólogos a la que Dios bendijo con el alumbramiento de un par de mellizos. A los cuatro días de nacidos, aún sin ser bautizados, sucedió que la naturaleza despertó y el Nevado del Ruiz hizo erupción provocando un deslizamiento de tierra que desapareció a la ciudad de Armero. Así recibió la vida ese niño, al mellizo que pusieron por nombre Diego Fernando y que algunos aseguran era un bebé índigo, un bebé demasiado despierto.
Fue niño hiperactivo, eso sí, dotado de una especial inteligencia y sentido de la observación. A los seis años estaba enterado de la Reforma Constitucional y el neoliberalismo, tema de moda en esos días, así como de la música, el cine y los juegos de Nintendo. Entró al Colegio La Quinta del Puente, en su ciudad natal. Niño tierno y cariñoso, pero según sus profesores, demasiado pensativo y poco hablador. Sobresalía por su consagración al estudio y una capacidad muy alta de concentración.
Con ocho años sus razonamientos directos y su habilidad con los números, le hacían ostentar el primer puesto en todas las asignaturas. A los nueve, debido al trabajo de sus padres, abandonaron Bucaramanga y su familia se trasladó a Bogotá. Fue un momento duro para Diego Fernando. No tanto por dejar atrás a familiares y amigos, y encontrarse viviendo en un espacio diferente, sino por llegar a un colegio nuevo. Sus padres lo matricularon en el Champagnat, una institución de tradición que en esos años cumplía cincuenta años de existencia y que contaba con más de 1250 alumnos inscritos.
Diego Fernando entró a segundo grado. Por una singular característica, captaba los conceptos con rapidez y no le eran útiles los libros para corroborar los ejercicios. "Nunca fui un comelibros", comenta riendo, y prefería ir a jugar fútbol a encerrarse en una biblioteca. Aunque parecía tranquilo y controlado, bajo ese exterior apacible a veces emergía una intensa furia emocional que le granjeaba algunos enemigos, especialmente por su franqueza. Diego Fernando encontraba difícil dejar de dar su opinión extremadamente crítica frente a cualquier suceso.
Afectuoso con sus amigos, pero demasiado exigente e implacable a ratos, aunque la mayoría del tiempo un ser feliz, en especial participando en algún juego, pues siempre en las cosas que le gustan entrega lo mejor de sí.
En el año 2003 obtiene los títulos de bachiller y de mejor bachiller del colegio y por si fuera poco, esta noticia: Su ICFES es uno de los mejores del país. "No me lo esperaba" comenta, "fue una gran sorpresa". Aún contra todos estos triunfos, no tiene seguro qué carrera estudiar y duda entre matemáticas e ingeniería de sistemas, pero a la final se decide por la última, "por el campo laboral", explica.
Un año después obtuvo el primer puesto en el examen de admisión de la Universidad Nacional. Para sus padres, egresados de ésta, fue un verdadero orgullo que luego se hincharía con un record complicado de igualar, promedio académico excelente durante toda su carrera. Según comentan, Diego Fernando fue un estudiante rumbero y enamoradizo, lo opuesto a la imagen del nerd gafufo con el que han estereotipado a los buenos alumnos en el cine y la televisión.
Estando en quinto semestre en compañía de un amigo de carrera y un matemático, participaron por primera vez en las Maratones Regionales de Programación, evento de alta competencia, diseñado para programadores.
Este año, al tercer intento, lograron ganar a nivel regional, en la Zona Norte de América latina, entre programadores de Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú, y un cupo para ir al mundial que se efectuó en Estocolmo. "Es que en lo que a uno le gusta, le tiene que ir bien", dice. El torneo versa sobre el menor tiempo posible que un grupo de 3 personas emplee en resolver en un computador, 7 a 10 problemas de algoritmos y matemáticas.
Diego Fernando se ha fogueado en competencias mundiales, como el "Code jam", creada por Google. En el certamen del 2007 quedó dentro de los 50 finalistas y obtuvo como premio viajar a Belo Horizonte (Brasil), a visitar la única sede de ingeniería de esta empresa en América latina. Estando allí le ofrecieron una pasantía de seis meses y se quedó en esa ciudad desempeñándose como "googler" o ingeniero de tiempo completo, rechazando a su dolor la propuesta de la Universidad Nacional que le ofreció una beca completa para la maestría y otra oferta similar de la Universidad de los Andes.
Este 2009, a sus 24 años, Diego Fernando ha conseguido importantes triunfos. En marzo, obtuvo el grado de honor en ingeniería de sistemas y en mayo se le notificó que poseía puntaje de 156.7 en el ECAES, con el cual se convirtió en el estudiante más pilo de ingeniería de sistemas del país. El ECAES, Examen de Calidad en Educación Superior, es una prueba nacional auspiciada por el Ministerio de Educación que destaca los mejores promedios acumulados de estudiantes de último año pertenecientes a cualquier universidad de Colombia en los programas de Ingeniería de Telecomunicaciones, Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones e Ingeniería de Sistemas y Telecomunicaciones.
Este examen refleja la calidad de los programas académicos y realiza una valoración de las respuestas de los participantes en una escala con media de 100 y desviación de 10. No es aprobatorio, es decir, nadie lo pierde.
En el mes de octubre, por sus importantes logros, a Diego Fernando se le rindió un reconocimiento en el marco de ANDICOM 2009, XXIV Congreso de las Telecomunicaciones, pero por su compromiso con Google, le fue imposible asistir. "Todo esto es un sueño" nos dice "pero cuesta, y eso sin duda es el reto".
Foto: Centro de Investigación de las comunicaciones CINTEL. ANDICOM 2009
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