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Vargas Llosa es uno de los pocos escritores en el continente que han construido una narrativa sólida en los campos de la novela y el ensayo.¿Pero qué es lo que seduce tanto de este escritor peruano nacido en 1936? Son muchas las respuestas. Su fama no es nueva, a los 22 años de edad fue ganador del premio de novela Seix Barral 1963, uno de los torneos literarios más importantes del mundo, con la novela "La ciudad y los perros", una autobiografía de su paso por la academia militar Leoncio Prado
Luego del éxito de su primera novela, literalmente, no ha dejado de escribir un sólo día. En 1965, publicaría La Casa Verde, en la que se destaca una compleja estructura novelística, ambientada en la zona norte peruana, limítrofe con el Ecuador. La historia se desarrolla en Piura. En un pequeño pueblo aparece un hombre de oficio arpista, quien comienza a construir una casa con seis habitaciones y seis baños. Mientras con sus manos va haciendo el lugar, en el pueblo se crea un revuelo, pues cada uno tiene una propia versión de los motivos que llevan a este sujeto extraño a levantar una casa verde con semejantes atribuciones. Cuando se descubre que es un burdel, suceden una serie de eventos repletos de humor que conllevan a un final inesperado.
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En Pantaleón y las visitadoras, publicada en 1973, el peruano vuelve a recrear las historias alrededor de un burdel, pero en esta ocasión, por medio de un intercambio de misivas entre un batallón de la selva amazónica y la comandancia en el interior. Pantaleón Pantoja, el personaje central de la obra, es una caricatura de la autoridad, en el que convergen los ideales de servicio y honor.
"No es gratuita la elección de un tema para escribir. Creo que cuando elige escribir sobre determinado asunto, es porque de alguna manera ese asunto ha tocado una fibra íntima muy importante o porque se relaciona con alguna problemática que para uno es sustancial, o porque viene a llenar un vacío, o porque hay como un reconocimiento con ese tema, con ese personaje de algo que uno sin saber lo andaba buscando desde antes. Por lo menos en mi caso, cada vez que he elegido, entre comillas, un tema he tenido esa sensación, de que ese tema lo he elegido en realidad porque ese tema ya me había elegido a mí de antemano".
Otro rasgo que se destaca en la obra de Vargas Llosa es la falta de pudor para tomar su vida y a partir de ella, crear relatos autobiográficos. En La tía Julia y el escribidor (1977), el personaje central es Vargitas y con esta licencia, el escritor adapta sus inicios en la literatura para describir el ambiente hóstil que rodea a un joven cuando decide dedicar su vida a los libros. A esto, se le suma además otro rasgo común en muchas de sus obras, la necesidad de participar activamente en política por medio del arte. Si este rasgo permaneció de cierta forma invisible, fue hasta Conversación en la Catedral (1979), novela que narra el gobierno del general Odría en el Perú, que reflexiona acerca del fracaso de la izquierda en latinoamérica.
"No, no volveré a participar nunca en política activa. Voy a seguir participando en política como escritor, como intelectual, escribiendo sobre temas políticos, ejercitando la crítica cuando crea que es conveniente, sí creo que esta es una actividad que además forma parte de la vida de un escritor, de un intelectual; pero dar el salto como lo hice transitoriamente a la política activa, no lo volveré a hacer".
Luego de un tiempo en el periodismo y de un par de novelas de poco interés en la crítica, Vargas Llosa escribe La Guerra del Fin del Mundo (1981), la historia adaptada de los sucedido en noreste brasilero, que se conoce como la Guerra de los Canudos. Un hombre mesiánico que predica la palabra de Dios por los pueblos calurosos y selváticos logra conformar un ejército que pone en jaque a la autoridad.
"Yo admiro mucho la libertad, creo que es absolutamente fundamental para que una persona pueda desarrollar sus potencialidades, elegir el tipo de vida que quiere tener de acuerdo a su vocación, a sus inclinaciones. Naturalmente cuando hablamos de libertad pues no podemos olvidar la legalidad sin la cual la libertad se vuelve libertinaje. La combinación armónica de libertad y legalidad es el motor de la civilización"
Luego del fracaso de su campaña para la presidencia, escribir su biografía, obras de teatro y varios ensayos, se radica en Londres. Escribe una serie de novelas eróticas y en el año 2000, lanzaría su obra más conocida, La Fiesta del Chivo, que relata con crudeza, los últimos días de gobierno del dictador Leónidas Trujillo en República Dominicana. "Desde luego la sociedad perfecta no existe, creo que ese sistema que es el sistema democrático es siempre perfectible; pero indudablemente dentro de todos los sistemas que ha conocido la historia es el que ha avanzado más, es el que ha ido digamos más lejos en la lucha contra la violencia, contra la injusticia, contra la opresión".
Mario Vargas Llosa confiesa que todos los días los dedica a la escritura. Desde temprano comienza a escribir y sólo se detiene en la tarde, para "regresar a la realidad". En estas horas comparte con sus amigos, se pone al tanto de las noticias y va al cine o al teatro. Al otro día se repite la misma rutina. Cuando no está escribiendo, está preparando una novela y esto le implica investigar muy a fondo el tema. Para su más reciente obra que anda a gatas y de la que apenas comentó que es un relato de aventuras -homenaje a uno de los personajes que aparecen en la novela "El Corazón de las Tinieblas" de Joseph Conrad- pasó varios años viajando por el Amazonas, Suiza, Asia, preguntando aquí y allá, atrapando imágenes y cazando ideas.
Ahora trabaja en una computadora y allí construye un primer borrador, que imprime y corrige en azul. Al llegar a la última página, toma el manojo de hojas y lo rehace. Cuando está listo, lo imprime y lo lee, pero esta vez utiliza color rojo. El procedimiento se repite y pasa por otro color, el verde y este ya es la última de las versiones, el libro que compramos en la librería.
En uno de sus ensayos Cartas a un joven novelista (1997), Vargas Llosa aconseja: "Quien ve en el éxito el estímulo esencial de su vocación es probable que vea frustrado su sueño y confunda la vocación literaria con la vocación por el relumbrón y los beneficios económicos que a ciertos escritores (muy contados) depara la literatura. Ambas cosas son distintas. Tal vez, el atributo principal de la vocación literaria sea que, quien la tiene, vive el ejercicio de esa vocación como su mejor recompensa, más, mucho más, que todas las que pudiera alcanzar como consecuencia de sus frutos".

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Mario Vargas Llosa, La Fiesta del Chivo, Especial día del idioma 2010 |