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6 a.m. ducha, 6:45 a.m. salida a tomar el bus del colegio, 7:30 a.m. comienzo de clases, 10:30 a.m. recreo, 10:45 a.m. más clases, 1 p.m. almuerzo, 1:45 siguen las clases, 4 p.m. salida del colegio, 4:45 p.m. llegada a la casa, 5:30 p.m. clase de guitarra, 6:30 p.m. tareas, 8 p.m. comida, 9 p.m. cama...
¿Es usted de los padres que programa hasta el último segundo del tiempo de sus hijos? ¡Cuidado! en vez de formar a un ser responsable, que sabe manejar el tiempo, cumplir con sus deberes y ser disciplinado, puede estar creando un niño apagado, con poca imaginación y creatividad e incluso con problemas de autoestima.
"La agenda no es para todos los niños -explica la sicóloga Beatriz de Hart-; solo para los que tienen déficit de atención porque necesitan un poco más de estimulación y acompañamiento".
Sin embargo, ni los niños con déficit de atención o problemas de aprendizaje deben estar saturados de actividades que les impidan sentirse libres, normales y sociales. Que les compliquen la posibilidad de mirar para el techo o la calle si así lo desean o de jugar solos. El tiempo consigo mismos y su mundo interior es necesario porque les permite crecer y ser mejores.
"Controlar totalmente el tiempo de los niños puede ser riesgoso porque se impide el ocio que es productivo. Es el espacio para soñar, fantasear, imaginar y crear", agrega el siquiatra Guillermo Carvajal.
Tanto Carvajal como Hart han encontrado que pequeños a los que se les programa hasta el último segundo de su vida se tornan 'apagados', como sin emociones, e incluso algunos presentan problemas de autoestima.
Problemas que han sido generados por la sensación de que tantas actividades contrarreloj son inventadas por los adultos para no compartir tiempo con ellos o porque desean que sean mejores personas. "Eso les da angustia porque temen no poder cumplir con las expectativas de sus padres", agrega Hart.
Mirar los talentos
Miguel de Zubiría, director científico de la Fundación Alberto Merani para el Desarrollo de la Inteligencia, advierte que los padres deben distinguir entre invadir el tiempo del niño y enseñarle a seguir rutinas y hábitos que son importantes para que aprenda a comprometerse y a ser disciplinado.
La diferencia está en que en el primer caso se le programan por reloj las actividades, mientras que en el segundo se le muestra que tiene derechos pero también deberes y que debe cumplir con ellos no importa a qué hora del día.
"Por ejemplo, se le dice que debe tender la cama antes de irse al colegio, no importa si la tiende inmediatamente se levanta o después. Igual ocurre con la televisión, sabe que no puede verla hasta que haga tareas", señala.
Martha Luz Ramírez, magíster en educación y profesora de la Universidad de Antioquia, agrega que más que programar a los niños hay que permitirles participar en actividades que les desarrollen sus talentos o capacidades, por ejemplo las artes o el deporte. Eso sí respetando su gusto.
En ese sentido lo expertos les piden a los padres que se pongan la mano en el corazón y reflexionen sobre las clases extras en las que inscriben a los niños. ¿Son para que disfruten aprendiendo o haciendo algo que les gusta o son para satisfacer un sueño propio? "Para exhibirlos en la visita como unos loritos que cantan y bailan, y no para seducirlos con sus deseos", agrega Carvajal.
En conclusión, como señala el grupo de Estudio sobre Infancia del Programa de Pedagogía Infantil de la Universidad de La Sabana, "hay que entender la palabra programar o agendar como la acción de planear espacios para los niños que les permitan realizar tareas que contribuyan a la formación de hábitos; eso sí, sin caer en la exageración de no dejarles gozar de tiempo libre para aquellas actividades que son de su gusto".
Para tener en cuenta
- Es importante planear el tiempo con los niños, estableciendo claramente cuáles tareas o actividades son prioritarias.
- No debe haber una agenda escrita con horarios, excepto para los niños con déficit de atención o problemas de aprendizaje. Sin embargo, la agenda debe ser elaborada con asesoría profesional para no saturarlos.
- Las actividades deben ir de acuerdo con la etapa de desarrollo del menor y la intencionalidad de cada una.
- La complejidad de las rutinas y la duración de las mismas deben aumentar a medida que el niño crece y adquiere más responsabilidad e independencia.
- Las horas libres deben ser ocupadas con actividades que los niños quieren realizar y no que desean los padres. Incluso se aconseja que antes de meterlos de lleno en algo se explore sobre el interés del pequeño. Por ejemplo, si dice que le gusta la guitarra, antes de comprarla y ponerlo en clases, averiguar sobre el instrumento, hablar con personas que lo tocan e ir a conciertos.
Artículo tomado de El Tiempo Periodista: Ángela Constanza Jerez
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