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Seis experiencias dan pistas de cómo lograr el vínculo entre educación y trabajo
Una reciente investigación puso de nuevo la discusión sobre este tema que parece de nunca acabar. Que los jóvenes deben salir del colegio con habilidades laborales como: capacidad para trabajar en equipo o tener facilidad para cambiar de oficio; que además deben tener conocimiento en un área técnica; que la educación básica debe dedicarse a formar buenas personas y no a dar herramientas para laborar porque de eso se encargan las empresas...

Lo cierto es que con el estudio quedó claro que el país no tiene una política de Estado al respecto. "Existen experiencias aisladas que intentan buscar articulaciones entre el sector público y el privado -explica Elsa Castañeda, investigadora principal del estudio-. Además, hay unas reglamentaciones, pero desde el sector educativo, y eso no es una política sólida porque no integra al sector productivo".

La investigación 'Educación y trabajo en las áreas marginales urbanas de Colombia', elaborada por la Fundación Antonio Restrepo Barco como coordinadora en Colombia de la Red Innovemos de la Unesco (integra 19 países latinoamericanos), con el apoyo de Colciencias, fue presentada oficialmente hace unos días durante una mesa de trabajo en la que participaron conocedores del tema.

Para dar pistas sobre el asunto el estudio analizó seis casos de instituciones formales, no formales y mixtas (agrupan los dos modelos), unas con tradición como las de los Salesianos y otras recientes como los colegios en concesión de Bogotá (ver recuadro), en las que se ha logrado una educación para el trabajo.

"Encontramos varias cosas interesantes -señala Castañeda-, por ejemplo consiguen que jóvenes de estratos 1 y 2 construyan un proyecto de vida, y lo logran porque las instituciones cuentan con equipos interdisciplinarios que tienen como prioridad dar respuesta a las necesidades sicosociales y económicas de los estudiantes".

Educación integral

El estudio evidencia que el éxito de estos proyectos educativos ha sido el que no se han concentrado en enseñar un oficio a los estudiantes, también les ayudan a su desarrollo personal, pues la mayoría tiene problemas intrafamiliares o carecen de familia. Para ello, profesores, sicólogos e instructores han tenido que innovar e incluso arriesgarse en la propuesta pedagógica.

Muchos colegios dan alojamiento y alimentación, permiten que el joven se prepare por ciclos (vaya a trabajar y regrese a llenar los vacíos que le quedaron), otros tienen que comenzar por enseñar las bases de lecto escritura y matemáticas porque la formación de los muchachos es deficiente e incluso conocen la dinámica de los contratos para ayudar a sus estudiantes a ubicarse laboralmente.

"¿La formación para el trabajo es solo para los estratos 1, 2 y 3?", preguntó Clara Ramírez, asesora del Departamento Administrativo de Bienestar Social (Dabs).

"Creo que lo primero es definir qué es educación para el trabajo porque se le está pidiendo demasiado a este instrumento: bajar la tasa de desempleo y dar a los jóvenes las herramientas para enfrentar la globalización. Son muchas tareas", agregó.

Precisamente, para evitar ese problema otros expertos en el tema consideran que lo mejor es concentrar a la escuela en lo que sabe hacer: formar seres correctos con conocimientos básicos. "Generar en los estudiantes habilidades para que tengan remuneración a corto o mediano plazo, no es su fin primario, eso le toca a otros", señaló la consultora Carmen Elena Vergara.

La discusión sigue. Mientras tanto el Gobierno tiene la obligación de poner en funcionamiento el Sistema Nacional para el Trabajo, como lo señaló el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) (ver recuadro.)

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Según Juan Carlos Trujillo, director general de análisis y políticas de recursos humanos del Ministerio de la Protección Social, el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes), en el documento 081 de este año, dio doce meses de plazo para que este Ministerio, junto con el Sena y la cartera de Educación, cree el Sistema Nacional para el Trabajo, que definirá una política y señalará competencias y responsables.

"También tenemos el reto de poner en orden la educación no formal que es variada -agregó-. El objetivo es crear unos estándares mínimos que permitan acreditar las instituciones".

Además, el Sena asegura que está realizando acciones que buscan formar a más jóvenes en diferentes campos, según las necesidades de los empresarios y de los mismos muchachos. "Se han creado 176 nuevos programas en el último trimestre y se están diseñando 75 más", afirmó Jair Ospina, profesional de la institución.

Por su parte, el Ministerio de Educación señala que en agosto del año pasado publicó unos lineamientos que buscan articular la educación con el mundo productivo, en ellos se establecen las competencias laborales (generales y específicas) que debe tener todo bachiller para entrar al mundo laboral.

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Institución Educativa Gimnasio Sabio Caldas, institución formal de Bogotá.
Centro Juan Bosco Obrero, no formal de Bogotá.
Institución Educativa Distrital Las Mercedes y Torquigüa, formal de Bogotá.
Ciudad Don Bosco, formal y no formal de Medellín.
Empresa Cooperativa de Servicios de Educación y Salud (Ecosesa), no formal de Medellín.
Fundación Almuerzo Navideño y la Comercializadora Internacional C.I. Trade, no formal de Medellín.
'Es muy importante educar para el trabajo'
¿Qué es lo bueno de las propuestas pedagógicas que analizaron?
Dan la oportunidad a jóvenes de escasos recursos de ingresar al mundo del trabajo. Además, estas instituciones tienen una enseñanza de tecnología fuerte porque enseñan desde el laboratorio. También tienen en cuenta el contexto en el que se desenvuelven los jóvenes. Y no simulan la realidad, los estudiantes experimentan en ella porque van a empresas. Hacen la práctica a la vez que aprenden la teoría.
¿Y lo malo?
La falta de sostenibilidad porque la mayoría recibe apoyos externos que cuando se acaban ponen en aprietos financieros a las instituciones.
¿Cuánto cuesta formar a un joven en estas instituciones?
En el 2002 era cerca de 490 mil pesos al año incluyendo alojamiento y comida, en el caso de los Salesianos; mientras que en el sector oficial un estudiante vale 820 mil pesos.

Artículo tomado de El Tiempo
Periodista: Ángela Constanza Jerez.
Subeditora de Vida de Hoy
http://eltiempo.terra.com.co/

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