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La algarabía, como ocurre en cualquier colegio en los cambios de clase, no cesa. "Paz y tranquilidad", dice Jazmín Romero Epieyú, vestida con una túnica blanca, al entrar al salón. "Aprendamos de nuestros indígenas", añade y la calma invade el lugar.
Jamayan wuathachon (buenos días) dice la maestra de lengua wayuu. Jamayan wuathachon, responden más de 30 alumnos del Gimnasio Campestre (Bogotá) que prefirieron esta materia electiva a otras como biología molecular, astronomía o cuentería.
La clase arranca. El tema de hoy es el origen y la importancia del maquillaje en la cultura wayuu. "Parisheeé es el colorante extraído de un árbol; wurishia, el de una piedra roja y, mashuka, el de un hongo silvestre", cuenta Jazmín a sus alumnos.
"No se trata de aprender unas cuantas palabras. La intención es que los estudiantes se acerquen a una forma de ver el mundo ancestral y diferente de la suya", explica Robert Ojeda, director del Centro de Estudios Sociales del Gimnasio Campestre. "El hecho de que la élite aprenda lenguas indígenas incorpora la diversidad a la cultura nacional y, además, integra a las comunidades con el resto del país", añade el historiador.
En marzo del 2006, algunos de los estudiantes visitarán Zahino, la ranchería en que nació su profesora de wayuu, en uno de los viajes investigativos tradicionales en el Gimnasio Campestre. Allá no se sorprenderán cuando se enteren de que una deuda de sangre ha sido saldada con chivos ni despreciarán la comida que les ofrezcan los paisanos para evitar ofenderlos. "Cuando vayan a La Guajira podrán tener diálogos con los nativos y se acercarán a nuestra cultura", explica la profesora.
La Escuela de Lenguas Indígenas, como se conoce al proyecto que arrancó en agosto pasado, también ofrece cursos de huitoto e inga, otras dos de las 64 lenguas indígenas que hablan las 84 etnias colombianas. Las clases no se limitan a aspectos lingüistícos, sino que son un viaje de inmersión en las culturas indígenas. "Asisten los alumnos que están interesados en el tema, pero planeamos incluir esta materia dentro del currículo", asegura Ojeda.
Jaime Bernal Villegas, rector del colegio, hace unos meses tuvo la idea de que se ofrecieran estas clases, lo pensó durante el discurso inaugural del encuentro Colombia Indígena, en el que ocho comunidades ofrecieron una muestra representativa de sus costumbres en el Gimnasio Campestre.
"Esta clase es muy diferente a una de inglés", explica uno de los alumnos. "Es más complicada, pero si uno se entrega aprende mucho", añade otro estudiante de séptimo grado. Según su maestra, lo que más los seduce es el ritmo de la lengua wayuu y los contrastes culturales.
Sandra Velasco, profesora de artes plásticas, también ha colaborado para acercar a los alumnos del Gimnasio Campestre al pensamiento de nuestras comunidades indígenas.
"Tenemos un proyecto en el que los alumnos reinterpretan algunos elementos culturales indígenas en un taller de pintura de autorretrato", explica la profesora que estuvo entre los nueve finalistas del Premio Compartir al Maestro 2005, entregado el pasado martes. "Es soprendente ver lo que hicieron los estudiantes a partir de los conocimientos de nuestras comunidades étnicas", añade Velasco.
es pionera en la enseñanza de lenguas indígenas. Desde hace 12 años ofrece cursos de huitoto, inga, kamtsá y wayuunaiki. Más de 150 estudiantes se le miden, cada semestre, a sumergirse en una forma de expresarse con reglas fonéticas y gramaticales muy diferentes a las del español o cualquier otro idioma occidental.
La Universidad Nacional
"Es indispensable vivir en una comunidad indígena para poder aprender a hablar su lengua", explica Eudocio Becerra, profesor de huitoto de la Nacional. Los alumnos deben ver dos niveles semestrales con una intensidad de 64 horas de clase cada uno. "Así aprenden el uso cotidiano de las palabras, pero los rituales requieren mucho más tiempo", añade el maestro que lleva más de veinte años enseñando huitoto.
A las clases asisten alumnos de la Nacional y de otras universidades de Bogotá. Los médicos las necesitan para no verse sorpendidos en su rural, los antropólogos para hacer una tesis de grado más profunda y los lingüistas para poder comparar los dialectos indígenas con las lenguas modernas. Otros van porque tienen interés en los mitos y los saberes tradicionales.
"La estructura lógica de las lenguas indígenas es bastante compleja para quienes tenemos el español como lengua materna, pero la recompensa por el esfuerzo de acercarse a ellas consiste en aprender a respetar la diferencia y la diversidad", dice Julián Posada, alumno de filología clásica que habla huitoto e inga.
Un leve murmullo que sube lentamente de volumen anuncia que la clase está por terminar. Los alumnos de Jazmín aprendieron hoy que para los wayuu el maquillaje es, más que una moda pasajera, un asunto de fe. Ahora, también saben que su uso es un ritual exclusivo de las mujeres y que cada figura que pintan en sus caras es un símbolo de su entorno.
Al final, algunos le piden que les pinte las antenas de una mariposa o la interpretación de su último sueño, otros prefieren las olas del mar y el contorno de las montañas.
Tomado del Periódico El Tiempo
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