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Inconvenientes físicos, psicológicos y entornos poco atractivos causan niños distraídos
En el mundo, uno de cada diez menores tiene problemas para poner atención, situación que se refleja en el rendimiento académico y en su relación con los amigos y los familiares.


No descarte frases como: "su hijo vive en la luna", "se la pasa echando globos" o "no pone atención".Una situación de estas mal llevada puede dificultar el aprendizaje del niño.

Los problemas de atención, a diferencia del déficit de atención, no tienen causas hereditarias y pueden ser más tolerables, siempre y cuando el niño cuente con el permanente apoyo y motivación de quienes lo rodean.

No es posible detectar estos problemas en preescolar, porque la atención que se necesita en este grado es de corto plazo e involuntaria, situación que cambia cuando el niño entra a la primaria, etapa con más horas de intensidad.

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Es la capacidad del ser humano para recibir los estímulos externos. Se clasifica en involuntaria y voluntaria.


Involuntaria: la tiene todo ser humano. Para el psiquiatra de niños y profesor de la Universidad Nacional Rafael Vásquez, es tan natural como el color de los ojos.

Sin inconvenientes físicos o psicológicos, un niño de 7 años tiene una atención involuntaria de 15 minutos, mientras que un adulto alcanza los 25. "De ahí en adelante la atención es voluntaria", agrega.

Para Miguel de Zubiría, de la Fundación Alberto Merani, esta atención funciona todo el tiempo. "Es la más primitiva. Se usa, por ejemplo, cuando estamos caminando y de repente algo nos llama la atención".

Voluntaria: se usa a diario para actividades necesarias para el desarrollo personal, escolar y laboral, como leer, escribir y escuchar, entre otras. Es un acto donde la persona es consciente de la actividad que va a hacer y que le exige estar atento. "Es como obedecerse a uno mismo", complementa de Zubiría.

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Son varias. Para detectarlas, primero hay que determinar si existen problemas de orden físico: fallas en la visión, cansancio, fatiga, alimentación o dificultades respiratorias."En este último, el niño en la noche duerme con la nariz tapada y se despierta varias veces. Al día siguiente se levanta igual que un adulto que ha trasnochado", explica el psiquiatra Vásquez.

También están las dificultades psicológicas motivadas por conflictos familiares no resueltos, maltrato o situaciones que le generen tensión, especialmente en niños que a pesar de su edad han asumido responsabilidades de adultos (cuidar a sus hermanitos menores o trabajar).

Tampoco hay que descartar el lugar de estudio: debe ser cómodo y motivador, sin elementos que lo distraigan. La atención depende de la motivación externa. Por eso los materiales, los colores y el entorno son fundamentales para hacer alguna actividad.

Según los expertos, recomendaciones hay muchas, pero sus efectos dependerán no solo del niño, sino del compromiso de los adultos.

"El ejemplo empieza en el hogar. Si nadie lee en casa ¿cómo exigirle eso? ¿Cómo decirle que el deporte es salud cuando en su entorno se hace lo contrario?", cuestiona el psiquiatra Vásquez.

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En las tareas, el tiempo ideal no debe superar la hora. "Un niño de 7 años se concentra involuntariamente 15 minutos; los 45 restantes son voluntarios. Más de ese tiempo el niño se agota. Se aconseja hacer pausas cada hora, cuando las tareas son muchas.

Los juegos de mesa son una buena alternativa: los mantienen atentos en una situación específica y les permiten crear estrategias. Los de corta duración sirven para los más pequeños, mientras que el ajedrez ayuda a los niños mayores de 9 años. Los videojuegos, de acuerdo con el tema, ayudan al desarrollo de habilidades, como en las matemáticas. Sin la orientación, su uso puede ser perjudicial, en especial si tiene dosis de violencia.

Armar rompecabezas y hacer lecturas cortas con preguntas ayuda a tenerlos concentrados. Apóyelo para que todo lo que empiece, lo termine. Acompáñelo, pero no lo obligue.

Sirve cualquier deporte o disciplina que le exija ser constante, también, actividades sostenidas (no muy largas) como pintar y tocar un instrumento.

Artículo tomado del periódico El Tiempo

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