|
"Hay mucha mitología alrededor de la reforma académica y administrativa". Fue uno de los primeros pronunciamientos que Moisés Wasserman, el nuevo rector de la Universidad Nacional, hizo sobre los polémicos cambios que se realizan desde hace dos años en el alma máter.
Este químico de 59 años, con doctorado en biología y posdoctorado en microbiología, asumirá el 2 de mayo uno de los cargos más importantes en el sector universitario.
Quienes lo conocen lo definen como un investigador consagrado, perfil que se refleja en su experiencia y logros desde principios de los setenta: premios Alejandro Ángel Escobar (1984), a la docencia excepcional de la Universidad Nacional (1995) y al Mérito Científico de la Acac (1996).
Ha dirigido 80 trabajos de grado y tesis de maestría y doctorado, hecho 80 publicaciones científicas y 25 de difusión, ha sido miembro de instituciones científicas nacionales e internacionales, además de presidir la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
Pese a las críticas en el modelo de elección, ninguno de los sectores de la comunidad universitaria puso en duda su capacidad académica ni administrativa.
Aún así, líderes estudiantiles lo ven como una figura autoritaria que representa el continuismo de los planes propuestos por la actual rectoría.
"No quiero patentar reformas ni ideas novedosas. Surgirán cosas nuevas pero serán construídas por las comunidades responsables e interesadas".
¿Continuismo o continuidad?
"Creo en el proceso modernizador que va a continuar en la Universidad y que se ha pedido no ahora, sino desde hace años. (...) Los fundamentos filosóficos de la reforma son, en mi opinión, correctos".
Conoce de cerca la historia de la institución y desde la decanatura de la facultad de Ciencias (cargo que desempeña desde el 2004) ha vivido personalmente la aplicación de la reforma propuesta por Marco Palacios (elegido en el 2003 y quien renunció en abril del 2005) .
¿Hubo participación de la comunidad en la reforma?
"Hubo un alto nivel de consulta en ámbitos relevantes. Los comités de carrera fueron sumamente consultados. Aún así, no fue uniforme. No se puede decir que hubo ausencia total de consulta, porque sería injusto".
¿En qué se traduce esa falta de uniformidad?
"En facultades, como la de Ciencias, y en las carreras de matemáticas y estadística han avanzado hasta el punto de que el programa ya está diseñado. Contrario a otras, que están muy lejos, apenas en fases preliminares".
¿Hay que administrar la investigación?
"Hemos sufrido de una ausencia crónica de políticas de investigación, de fomento y de apoyo a los profesores investigadores (...) La inversión es muy baja, los laboratorios son deficientes, las becas son escasas y pobres; los instrumentos institucionales insuficientes y los mecanismos administrativos, absolutamente inadecuados".
Así les planteó el tema a los miembros del Consejo Superior Universitario, pese a que considere a la Universidad como "uno de los fortines de la investigación del país".
No es administrador –confiesa– y por eso se rodeará de gente con esta cualidad, estrategia similar a la que usó en su época como director del Instituto Nacional de Salud (1995-1998), en ese entonces, calificada por el Departamento Nacional de Planeación como una de las entidades públicas mejor dirigidas.
"Se debe construir una política muy coherente, de fomento, que genere un impacto importante en el desarrollo del país. Nos hace falta abrirnos más: tener contacto con la sociedad, con el sector empresarial y el agrícola, entre otros".
Débil sistema de participación
La baja participación de los estudiantes en las consultas, interpretada por los líderes estudiantiles como una forma de rechazo ante el modelo de elección, para Wasserman, es un problema más profundo y preocupante. De hecho, será una de sus prioridades "para tomar decisiones correctas".
"Sin equivocarme en mi diagnóstico, como sistema, la participación es débil en la institución. (...) Es un problema de apatía y desinterés por el manejo de la Universidad, porque a la gente no le interesa ni quiere participar".
Sin embargo, reconoce que la institución ha fallado y no ha utilizado productivamente la complejidad de la comunidad académica.
Tomado de EL TIEMPO
|