¿Es usted inteligente? Uno titubea, se sonroja (porque estima sí lo es) o se atemoriza (porque cree que no lo es o no tanto como quien pregunta). En cambio, si usted se paraliza o confunde, al menos estaría en sintonía con la evidencia contemporánea. En efecto, no hay una definición común de este concepto, ni siquiera dentro de las disciplinas que lo estudian. ¿Puede sorprender entonces que hayamos llegado a aceptar que inteligencia es lo que miden los tests de inteligencia; es decir, un desempeño superior al promedio en exámenes de respuestas cortas, no relacionadas con ningún campo particular de actividad? Los estudiosos llaman a esta habilidad inteligencia "g", por general, y la miden como un CI (coeficiente intelectual). Algunos "descubrieron" que diferentes razas, sexos y grupos exhibían distintos niveles de CI, por lo cual supusieron que la inteligencia es hereditaria.
Cuando murió Albert Einstein el año 1955, los expertos se preguntaban si este notable científico tendría un cerebro diferente al de otras personas de su época y condición.
Luego, a comienzos de los años '80, dos famosos neuroanatomistas - Scheibel y Diamond- lo estudiaron detalladamente. Había algunas sutiles diferencias. Pero, ¿qué deducir de ahí? ¿Se nace científico por obra del cerebro o el científico se hace a lo largo de una carrera de vida a partir de ciertos componentes de interés vocacional, motivación y personalidad y bajo determinadas condiciones familiares, escolares, sociales, académicas y culturales?
Si Einstein hubiese nacido en Alto Hospicio, ¿habría llegado a ser lo que fue? O si nace antes que Newton, ¿habría sido él el Newton de su siglo? ¿Y qué organización del cerebro, o velocidad de sus conexiones, explicaría a otros personajes, como Joyce, Lenin, Ford, Picasso, la Mistral o Bam Bam Zamorano? ¿Y qué esperar de sus descendientes? ¿Se hereda la inteligencia del novelista, el líder revolucionario, el empresario, el pintor, el poeta o el futbolista?
En este punto entra la otra escuela sobre la inteligencia, denominada "contextualista" o "interaccionista". Según ésta, la inteligencia es un potencial cognitivo - algo relacionado con el funcionamiento de ciertos centros neuronales específicos- que se desarrolla mediante una compleja trayectoria de interacciones con el entorno físico, social y cultural.
El cerebro no es una máquina heredada sino un organismo plástico que selecciona, se adapta, crece, se transforma y aprende. Así, el desempeño más pobre de los hijos de La Pintana en tests de CI, o exámenes tipo PAA, se explicaría más fácilmente por una combinación de menores oportunidades de aprendizaje al nacer, interacciones menos favorables, un contexto físicosocial y cultural más estrecho, una codificación más limitada del lenguaje, escuelas de baja calidad, menores expectativas por parte de los docentes, etc., que por una herencia deficitaria o el tamaño del cerebro.
Efectivamente, la inteligencia tiene mucho que ver con el capital cultural heredado, con el conocimiento aprendido y con los contextos en que se exhiben comportamientos inteligentes. Por ejemplo, provenir de una familia "conocida" y "exitosa" no asegura, pero sin duda facilita, aparecer y actuar como una persona "inteligente". O, al menos, exhibir alguna de las múltiples inteligencias que describe Gardner, particularmente en los dominios donde más importan el capital social y los comportamientos estilizados. En suma, cuando se insiste en usar el CI o exámenes de aptitud para envolver de una manera estadística-mente tolerable las inaceptables diferencias sociales, la pregunta a hacer es ésta: "¿es usted inteligente?".
* Este artículo se publicó originalmente el domingo 22 de febrero en el diario "El Mercurio".
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