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Vamos, Rafael, —decía Don Lino, su padre —veo que eres ingeniero sin obras y sin vocación para el oficio. Te gustan todas las artes: la pintura, la música y la poesía. Semejante dispersión de actividades del ingenio me parece sencillamente detestable. Tú no serás nada en ningún campo, ni ideal ni práctico. Decídete por ser algo en cosa de provecho.
Contestó Rafael: -Si he de ser franco debo confesarte que la cosa por la que siento más definida inclinación es la poesía.
-Pues poeta serás aunque después te pese —sentenció su padre.
En sus tiempos, en Bogotá no había más de 30.000 habitantes, de los cuales un 80% era analfabeta, 954 eran estudiantes de bachillerato, 591 seminaristas y 747 universitarios. Los periódicos de Bogotá, Cartagena y Medellín publicaban traducciones de los discursos de Lamartine, de Lord Byron, y Sue entre otros.
Esto bebían, respiraban y pensaban nuestros letrados de entonces. En este ambiente espiritual, Pombo decidió dedicarse a la poesía.
Y por este ambiente histórico, por la relación entre su vida y su obra, por la recurrencia de ciertos temas, y por su trascendencia en abordarlos, Rafael Pombo, es nuestro poeta romántico: "La religión y la verdadera poesía son gemelas, y tan parecidas una a otra que tal vez son una misma cosa, dos ases de un mismo astro, dos revelaciones de una misma verdad: innatas ambas en el corazón del hombre, juntas aparecieron sobre Las colinas del salvaje, juntas nos dignifican con aspiraciones infinitas, consolaciones excelsas y promesas inmortales, y juntas van a satisfacerse con su plenitud el seno de Dios, en la parte sublime de nuestro ser".
Se debe tener en cuenta que la sensibilidad del presente es muy distinta de la sensibilidad de antaño, y la Bogotá de hoy es diferente de aquella Bogotá de 1850, amenazada por el cólera; necesariamente los enfoques y los gustos reflejarán dos realidades distintas.
Poeta sobre todas las cosas
Muchas cosas que eran esenciales para un joven poeta como Pombo, hoy pueden parecer obsoletas. Pombo confesaba que podía pensar en verso, y que su forma natural de razonamiento era el soneto. De ahí que en su obra abunden versos de matrimonio, cartas en verso, polémicas teológicas en verso, versos de celebraciones, aniversarios, homeopatía, política y chistes; además, una crónica en verso del catolicismo bogotano de fines del siglo pasado. Pero también escribió bellos poemas, entre ellos "La hora de tinieblas", "De noche" y "La memoria".
Sin embargo, en la poesía el lenguaje envejece, los temas cambian, y la métrica, tan importante en la época romántica, hoy casi que es materia de especialistas, y una técnica olvidada por nuestros poetas. A pesar de esto, Rafael Pombo continúa vivo por su poesía infantil, que retoma los temas de todas las literaturas.
Por otra parte, poemas como "Simón el bobito" o "Rin Rin renacuajo" son recreaciones al español de obras en inglés, por encargo de una editorial norteamericana. Pero aquí no prima la originalidad en los temas, sino la maestría de convertir la poesía en juego, y hacer conocer con sus versos, la embriaguez poética a los niños colombianos de todas las generaciones posteriores.
Dios, la naturaleza y la mujer son las ideas capitales que Pombo fusiona en su obra, así como pone en acción las tres facultades esenciales del hombre, que son la inteligencia, la imaginación y la sensibilidad. Este es uno de los aspectos que convierten a Pombo en uno de los poetas más completos de Colombia.
"Nos falta arte sencillo, grande y solemne, y nos sobra artificio. Muchas imágenes, muchas labores, mucha enciclopedia, mucha anécdota, mucha superficie: ausencia de un corazón sólido, asentado, incontaminado, bueno, luminoso, suficiente, infinito"
Además de su dedicación vocacional a la poesía, Pombo fue una especie de animador cultural: coleccionista de cuadros, autor de guiones de óperas cuya música componía Ponce de León, y por encima de estas cosas, arquitecto, "único ramo en que nací perfecto", según declaró. A este propósito escribe el argentino Garcia Merou:
"Este niño grande tiene una manía originalísima: pretende ser un gran arquitecto, sueña con la arquitectura, dirige largas memorias a todos los ministros de fomento que entran en el gobierno, persigue al arquitecto del Capitolio, marcha con libros y planos debajo del brazo y lo más gracioso es que toda esta ciencia que se atribuye es simplemente ilusoria".
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