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En el siglo VIII AC, llegaron los "guanats", unos canales subterráneos artificiales que transportaban agua a grandes distancias fueron inventados por los habitantes de Urartu en la actual Turquía y se difundieron luego en Persia, Egipto, India, Grecia, en Canarias, etc.
Pero es indudable que los mejores ejemplos de acueductos están en Roma. Esta ciudad, según historiadores como Pierre Grimal era denominada como "la ciudad del agua", ya que once acueductos importantes alimentaban la ciudad al final del imperio.
El uso del agua no se limitó exclusivamente al consumo humano. En Constantinopla, el gusto por los juegos de agua y las fuentes se convirtió en una pasión que se fue perfeccionando en el mundo árabe y persa, hasta llegar a Europa en la época barroca, a partir del siglo XVIII. La acogida mayor viene en el siglo XIX, con cambios socio culturales que promocionaban un redescubrimiento del cuerpo y culto de la higiene.
En nuestro continente, para los Incas, el Lago Titicaca era el centro del mundo original. En el México azteca, Tláloc, simbolizado por una rana o un sapo era el dios de la lluvia y la imagen de adoración de los campesinos. De hecho, el agua era el factor esencial en la estabilidad y de la organización de los pueblos precolombinos de México.
Bartolomeo Arzáns, cronista de Potosí, la ciudad americana más grande del siglo XVII cuenta que en el año de 1730 la lluvia seguía siendo un fenómeno divino, pese a que en 1687 el francés Perrault había efectuado un balance hidrológico de una cuenca situada en el curso superior del Sena y el británico Edmond Halley, por este mismo año, realizó una estimación sobre la evaporación del Mediterráneo.
En cuanto al ciclo del agua, un tema de hidrología científica que se desarrolla mucho tiempo después, era conocido por los chinos 500 años AC y Kautilya, ministro de la dinastía india de los Maurya (382-184 AC) obligaba a medir la lluvia en un cubo colocado delante de almacenes agrícolas.
¿Por qué el nivel de los océanos no se elevaba a pesar del aporte continuo de los ríos?, era una incógnita que causaba dificultades a quienes estudiaban el agua desde la antigüedad. El concepto de que para solucionar esta incógnita era necesario estimar la cantidad de agua oceánica evaporada por la energía solar fue heredado de Tolomeo (90-168), y fue desapareciendo cuando llegaron los planteamientos de Copérnico (1473-1543)
Otra acertijo difícil de resolver para los antiguos se presentaba en Egipto debido a que el río Nilo crecía en estación seca y los ribereños no conocían las fuentes descubiertas por los europeos en el siglo XIX. Otros problemas planteados eran cómo eran alimentados los ríos si al cesar las lluvias estos seguían corriendo.
Aristóteles (384-322 AC) consideraba que el flujo de los ríos encontraba en parte su fuente en la condensación del vapor de agua subterránea, producida a su vez por el flujo y la desalinización del agua de mar en el suelo.
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