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Para muchos la invitación a un Museo puede resultar poco atractiva. Los jóvenes imaginan una cantidad de cuadros que pueden mirar con "policia al lado" y a metros de distancia, pero en los Museos Interactivos los recorridos se convierten en una fiesta creativa.
De eso pudo darse cuenta Camila Durán, de 10 años, cuando visitó el Museo de la Ciencia y el Juego de la Universidad Nacional. "Pensé que sería aburrido, pero la pasamos muy bien", dice. Este centro de conocimiento brinda la posibilidad a niños y adultos de explorar el mundo a través de montajes que se pueden tocar y con los que se puede jugar y crear
La ciencia entonces se explica a través de sencillos experimentos y al hablar con Julián Betancour, su director, es fácil comprobarlo porque con una cajita de pequeños sorbetes mezcladores o una simple hélice construida con un palito de paleta Julian explica conceptos como la oscilación y los terremotos. El objetivo, según sus palabras, es que "cada uno construya su propio conocimiento a partir de su experiencia".
Físico de profesión y con una Maestría en la misma área, Betancour ha sido docente por más de 30 años y es un convencido de la potencialidad del juego para enseñar. "Es una de las pocas actividades autónomas del hombre. El juego no se impone y por lo tanto ofrece un aprendizaje heterónomo" dice. En sus años como docente, realizaba experimentos para explicar toda clase de fenómenos a sus alumnos y en compañía de otros profesores de la Universidad Nacional creó en 1984 éste lugar, el primer museo interactivo de Colombia.
Durante estos 20 años el Museo ha desarrollado cerca de 300 montajes interactivos y en 1997 obtuvo el Premio Latinoamericano de Popularización de la Ciencia y la Tecnología, en La Plata - Argentina- concursando con la Red de Museos y Centros Interactivos. Betancour, por su parte, recibió el mismo galardón versión 2004 – 2005 en Brasil. Es el reconocimiento a su trabajo en pro de la masificación de contenidos científicos.
En el Museo, los docentes pueden recibir capacitación sobre el uso de los montajes para aplicarlo en su clases, se ofrecen visitas guiadas a la sala interactiva, diseño y venta de material didáctico para los colegios en todo el país. Además, a través de sus actividades promovió la creación de la Red de Pequeños Museos Interactivos de Latinoamérica Liliput. Todo eso a punta de creatividad porque allí se encuentran diversas actividades sobre percepción, sonidos, calor, onda y distintos conceptos físico químicos.
Sobre el impacto de los montajes del Museo en el aprendizaje de los visitantes, Betancour es modesto en decir que no pueden medir tal incidencia porque "estamos expuestos a diversas interacciones y relaciones", pero el primer paso es explorar y curiosear, actividades que se pueden hacer con explicaciones tan sencillas como las que ofrece con "la hélice" que se mueve como por arte de magia con la punta de un lápiz "todo es cuestión de aprender a observar" afirma.
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